Director Ejecutivo en Radio Biobio: «Reconocemos el derecho que tiene la autoridad sanitaria para regular el ejercicio de los derechos pero sin afectar su esencia»
El 25 de marzo, nuestro Director Ejecutivo Álvaro Ferrer, fue entrevistado por la Radio Biobio a propósito de la asistencia a cultos religiosos en comunas en Cuarentena y Transición, luego que la Corte Suprema acogiera el recurso de protección presentado por nuestra Corporación.
Durante la entrevista, Álvaro explicó que la petición realizada por Comunidad y Justicia hacia el máxima tribunal, es que «se levantara la prohibición» para asistir a cultos religiosos «ya que la considerábamos ilegal y arbitraria como bien sostuvo la Corte».
Sin embargo, aclara que «esto no significa que se tengan que realizar misas de manera indiscriminada y que la asistencia tenga que ser masiva. Nosotros entendemos que estamos en una pandemia durísima en la que hay que hacer esfuerzos y sacrificios».
Además el Director Ejecutivo agregó que «reconocemos el derecho que tiene la autoridad sanitaria para regular el ejercicio de los derechos pero sin afectar su esencia».
Te invitamos a escuchar la entrevista completa en el siguiente enlace:
Suprema acoge recurso de protección y permite asistencia a cultos religiosos en cuarentena
Les dejamos a continuación esta nota publicada el 25 de marzo por El Mercurio donde entrevistan a nuestro Director Ejecutivo Álvaro Ferrer por el fallo de la Corte Suprema que permite la asistencia a cultos religiosos a pesar de las restricciones sanitarias. Aprovechamos también de compartir los enlaces de otros medios de comunicación que han cubierto la noticia.
Por: Cinthya Carvajal

Magistrados consideran que hay un actuar arbitrario del Minsal, al prohibir participación presencial en ritos a través de las restricciones sanitarias, porque se suspende derecho a la libertad de culto de un recurrente de Arica.
La Tercera Sala de la Corte Suprema zanjó ayer, de forma unánime, el debate que ha existido en las últimas semanas respecto de las medidas que impuso la autoridad sanitaria para prohibir la participación presencial en cultos religiosos y acogió un recurso de protección interpuesto en esta materia.
La decisión fue adoptada por los ministros Sergio Muñoz, Ángela Vivanco, Adelita Ravanales, Mario Carroza y la abogada integrante Angélica Benavides, quienes acogieron el recurso de protección presentado por la corporación Comunidad y Justicia.
El máximo tribunal revocó la resolución de la Corte de Apelaciones de Arica, que rechazó el recurso el 8 de marzo pasado.
Los magistrados consideraron que el impedimento de que los fieles vayan a misa vulnera el ejercicio de la libertad de culto garantizado en la Constitución. Los integrantes de la Tercera Sala estiman que habría «un actuar ilegal y arbitrario» de parte del Ministerio de Salud, al extender la prohibición de celebrar eventos con público a la misa dominical.
Alcances del fallo
La causa quedó en acuerdo y se espera que el fallo salga a la brevedad. Sentencia que marcará jurisprudencia respecto de al menos otros 15 recursos pendientes de distintas ciudades, pues en la sala estaban los cuatro ministros titulares, además de la abogada integrante, por lo que se debería mantener este criterio en el futuro.
El recurso fue interpuesto por el abogado Álvaro Ferrer en representación de Diego Vargas Castillo, que vive en la comuna de Arica.
La presentación es en contra del ministro de Salud, Enrique Paris y se solicita adoptar las medidas que juzgue necesarias para que se levante la prohibición de asistir a misa el día domingo que pesa sobre quienes residen en comunas, en cuarentena o transición, «restableciendo así el imperio del Derecho y reparando el efecto ilegal e inconstitucional que dicha medida me ha producido en la especie, al afectar la esencia mi derecho fundamental a la libertad de culto».
En la protección se precisa que no se solicitó que se adopte una política pública, es más, se pide que se «adopten as medidas para que levante la prohibición».
A juicio del requirente, «el problema no está en la política pública, sino en el modo en que la autoridad recurrida la entiende, interpreta, aplica y ejecuta, a partir de lo dispuesto en el documento Estrategia Gradual Paso a Paso: Nos cuidamos».
El pronunciamiento de la Corte Suprema apunta a que la celebración y participación en la misa no está prohibida en cuanto no está comprendida en la resolución que regula la materia, la que no habla de ceremonias, oficios o ritos religiosos. Pero sobre todo, que no se puede prohibir por cuanto la participación presencial de los recurrentes en la misa es esencial a la manifestación de creencias, y que al prohibirla se suspendería su derecho fundamental a la libertad de culto, lo cual no sería posible.
Se impugna documento no contenido en resolución Nº43
La presentación se basa en un documento que subió el Ministerio de Salud en formato PDF a su página web, denominado «Estrategia Gradual Paso a Paso». En la página 10 del documento, se presenta un cuadro en el que la autoridad incluyó a la misa dentro de los «eventos con público con ubicación fija y designada de los asistentes y sin consumo de alimentos».
Esto, pese a que la resolución exenta Nº43, aplicable a las comunas que se encuentran en cuarentena (y los fines de semana y festivos a las comunas en Transición), prohíbe la realización o participación en eventos con público o particulares y en actividades sociales y recreativas.
La misma resolución da definiciones sobre los tipos de «eventos con público» sujetos a esta normativa. La letra c) de dicho numeral define que «eventos con público en que los asistentes tienen ubicación fija», como «aquellas convocatorias de carácter no habitual y programado en que, por la naturaleza del evento, las personas permanecen en un mismo lugar durante toda la duración del mismo».
Comunidad y Justicia reclama que de acuerdo con el «sentido literal y obvio» del texto recién citado, «no cabe sino concluir que ni la misa ni cualquier otro rito religioso se encuentran comprendidos en ella, y por tanto, tampoco rige a su respecto la prohibición contemplada en el Nº51».
Según el abogado Ferrer, es un hecho público y notorio, por ejemplo, «que la misa diaria, y con mayor razón la misa dominical, sea en su horario de mañana, mediodía o tarde (horarios por lo demás, publicados por cada parroquia, en su página web e incluso en diarios de circulación nacional), es una actividad o evento de carácter habitual y programado, por lo cual, evidentemente, no puede subsumirse en la definición contemplada en la norma vigente».
Agrega que, como consecuencia de dicho actuar de la autoridad –y no de la dictación de la resolución Nº43–, esta prohibición se aplica todos los días para residentes de comunas en cuarentena, y los fines de semanas y festivos para los residentes en comunas en Transición, como es el caso de la comuna de Arica.
Junto con este escrito, Comunidad y Justicia ha hecho otras 15 presentaciones: una que también está en la Corte Suprema luego del rechazo de la Corte de Apelaciones de Concepción, además de recursos de protección ante las cortes de Apelaciones de Arica, Copiapó, Valparaíso, Santiago, San Miguel, Rancagua, Talca, Concepción, Temuco, Valdivia y Puerto Montt.
Puedes encontrar la nota haciendo click aquí
Radio Biobio: Suprema se cuadra con las religiones y da luz verde a servicios incluso en cuarentena
Radio Cooperativa: Corte Suprema autorizó realización de cultos religiosos, incluso en cuarentena
T13.cl: Corte Suprema autoriza cultos religiosos incluso en cuarentena a pocos días de Semana Santa
La Tercera: Corte Suprema autoriza realización de cultos religiosos, incluso en cuarentena, en vísperas de Semana Santa
Emol: Suprema acoge recurso de protección y permite asistencia a cultos religiosos en cuarentena
Meganoticias: Autorizan realización de cultos religiosos incluso en comunas en cuarentena
El Mostrador: Corte Suprema acogió recurso que permite los cultos religiosos en cuarentena
Radio ADN: Corte Suprema acogió recurso y autorizó cultos religiosos incluso en comunas en Cuarentena
El Dínamo: Corte Suprema autoriza la realización de cultos religiosos en cuarentena
El Desconcierto: En vísperas de Semana Santa: Corte Suprema autoriza servicios religiosos incluso en cuarentena
Radio Agricultura: Corte Suprema autoriza asistir a cultos religiosos en comunas en cuarentena
CHV Noticias: Corte Suprema da luz verde a que cultos religiosos puedan realizar ceremonias en cuarentena
CNN Chile: Corte Suprema autoriza realización de cultos religiosos incluso en cuarentena
Alerta Noticias Valparaíso: Corte Suprema autorizó realización de cultos religiosos, incluso en cuarentena
Página 14: Autorizan realización de cultos religiosos incluso en cuarentena
LegalNews.cl: Corte Suprema autoriza realización de cultos religiosos, incluso en cuarentena, en vísperas de Semana Santa
Suprema revisaría hoy recurso de protección a favor de asistencia a cultos religiosos
Compartimos esta nota publicada en El Mercurio el 24 de marzo donde se habla acerca de los recursos de protección que hemos presentado a lo largo del país en la defensa del ejercicio de la libertad de culto.

Corporación Comunidad y Justicia afirma que la interdicción de que fieles vayan a misa vulnera «el derecho al libre ejercicio del culto».
La Tercera Sala de la Corte Suprema resolvería hoy un recurso de apelación, luego que la Corte de Apelaciones de Arica rechazara, el 8 de marzo, un recurso de protección presentado por la Corporación Comunidad y Justicia, debido a las medidas que impuso la autoridad sanitaria para prohibir la participación presencial en cultos religiosos.
Junto con este escrito, Comunidad y Justicia ha hecho otras 15 presentaciones: una que también está en la Corte Suprema luego del rechazo de la Corte de Apelaciones de Concepción, además de recursos de protección ante las Cortes de Apelaciones de Arica, Copiapó, Valparaíso, Santiago, San Miguel, Rancagua, Talca, Concepción, Temuco, Valdivia y Puerto Montt.
Las acciones fueron interpuestas en contra del ministro de Salud, Enrique Paris, por «el acto ilegal y arbitrario de extender la prohibición de celebrar eventos con público, aplicable a las comunas en cuarentena y, los fines de semanas y festivos en comunas en transición, a las misas y demás cultos religiosos».
Según la Corporación, aunque el Ministerio de Salud puede restringir ciertos derechos, «ello no autoriza a suspenderlos o afectarlos en su esencia, como en los hechos ocurre al impedir a los católicos asistir a la misa (…), lo cual vulnera su derecho al libre ejercicio del culto, garantizado en la Constitución». Y apuntan que prohibir la asistencia en comunas en fase 1 implica «una afectación más grave e intensa». Consultado, el Minsal declinó referirse al tema.
El obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, elaboró, como abogado, un informe a la Corte para rechazar las prohibiciones. Solicita que se precise «si puede la misma autoridad de los tribunales, como ha sucedido (en Arica y Concepción), señalar que la asistencia telemática a un acto religioso es suficiente para satisfacer la necesidad espiritual de una persona». Y añade: «Como obispo y pastor, pienso que la asistencia a la santa eucaristía es lo esencial de la vida cristiana. Y, por lo tanto, es una realidad que no puede suspenderse; puede regularse, puede quizás en algunos casos haber alguna limitación, pero no puede suspenderse».
Coincide el decano de la Facultad de Derecho de la U. Finis Terrae, Ignacio Covarrubias, quien señala que la libertad de culto «en el caso de los católicos es un derecho sensible que no puede ser puesto a un nivel similar a otros derechos como la libre circulación o el comercio».
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Reseña: «La Palabra Paterna» por Klaus Droste
Por: Roberto Astaburuaga
En el día de San José, recomendamos un libro escrito por Klaus Droste, “La palabra paterna”. Los capítulos 17 al 20 son especialmente interesantes, pues son los apartados que hablan propiamente tal sobre el don de la paternidad.
El autor, ocupando un lenguaje docto pero sencillo, aborda este tema desde la psicología y la filosofía, mostrándonos un contenido muchas veces desconocido, y que atrae por la novedad y claridad de sus afirmaciones.
El libro profundiza sobre el lugar que ocupa el padre en la familia, ilustrando la importancia de la forma de enseñar a los hijos y de comunicarse con ellos. La paternidad pone así la exigencia de una sincera donación de sí mismo a otro, lo que constituye al padre en luz del camino familiar.
El grandioso contenido de la paternidad se va desenvolviendo a través de las virtudes de la justicia, la prudencia, la ciencia y la religión, al desarrollar aspectos como la autoridad, el servicio, la vida interior, la paz y la amistad.De este modo, el autor recalca el papel fundamental del padre en la formación de la conciencia del hijo, para lo cual es necesario que él tenga un orden interior que le permita una verdadera donación sincera de sí:
Cuando el padre vive como tal, afirma con su vida categórica y radicalmente que vivir es reinar, que reinar es servir y que servir es darse. Así, lo más representativo de la paternidad es el cuidado de otro, la defensa gozosa del bien de otro.
En esta tarea de formar a los hijos, son de especial importancia la fuerza auxiliadora y la claridad racional de los padres, lo cual dispone una sustancial relación espiritual entre unos y otros, construida “sobre la base de que los niños son queridos por ellos mismos, son mirados personalmente y especialmente amados, porque entre sus padres reina un inmenso amor”.
Actualmente el mundo ha dejado de lado la figura del padre y el lugar insustituible y esencial que ocupa en la constitución de la familia y en la formación de los hijos. La obra de Klaus Droste se encarga de entregar los profundos fundamentos para comprender lo necesaria que es y, por tanto, sus ideas pueden ser muy útiles con miras a restaurarla. Al mismo tiempo, el libro no se queda en afirmaciones puramente abstractas (lo que ya tiene un valor de suyo), sino que muestra el sentido de sus afirmaciones con sencillos ejemplos del día a día. Todo esto hace de “La Palabra Paterna” un gran libro, que recomendamos leer
Ausencia del padre y olvido de elementos esenciales de la familia
Intervención de Ignacio Suazo en la mesa de familia, en el encuentro Diálogos por Chile.
“En pocas palabras, me duele la ausencia de padres en nuestro país ¿Qué son la violencia intrafamiliar, el abandono y abuso infantil, el desequilibrio de tareas domésticas en el hogar e incluso la descompensada relación casa-trabajo sino expresión de esto? Las masivas pensiones de alimentos impagas, dejadas al descubierto este año por los retiros del 10%, no son más que una expresión reciente de esta antigua herida. Y digo ‘antigua’, porque podemos rastrear sus orígenes —sin temor a exagerar— y llegar a la figura del huacho colonial: de madre abnegada y padre desconocido.
Y si bien muchos de estos males han sido denunciados con fuerza (y hay mucho que aprender —en sus virtudes y defectos— de las corrientes feministas que lo tematizan), duele ver que algunos de los puntos esenciales para desarrollar una verdadera educación del varón son olvidados, despreciados, cuando no mirados con hostilidad. Ojalá más gente pensara en estos temas desde la naturaleza masculina (creyendo que tal cosa existe), destacara lo importante que es pensar (y reconciliarnos) con nuestras figuras paternas, propusiera estrategias para promocionar la castidad y hablara de lo importante que es ser dueño de sí. Ojalá más personas creyeran que la autoridad de los padres es un reflejo de la autoridad del padre Dios. Y eso por nombrar algunos puntos. Lamentablemente, lo anterior está lejos de ser nuestra realidad.
Esta no es una herida de desesperanza. Creo que es posible dar pasos en la dirección señalada. Pero la vieja y profunda herida sigue ahí y no parece ir disminuyendo.”
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(Ignacio Suazo, investigador Comunidad y Justicia (2021): Nuestra Mesa – Diálogos por Chile: 60 desafíos para una renovada convivencia nacional (Sofía Brahm, María de los Ángles Errázuriz y Nicolás García, eds.), Dirección de Pastoral y Cultura Cristiana de la Pontificia Universidad Católica de Chile – Fundación Voces Católicas, Santiago, p. 147)
Reseña: «Redemptoris custos»
Nuestra época se caracteriza por un afán irracional de control, de poder, de exigencia… en definitiva, de egocentrismo. Lo oímos en cada grito a favor de la legalización de la eutanasia o del aborto, pero quizás se hizo evidente con particular claridad en los gritos feministas que sonaron el 8 de marzo en las calles: «ni p*t* por coger, ni madre por deber», «ni p*t*s ni sumisas», «libres nos queremos», «mi cuerpo, mi decisión»… Nuestra cultura tiende a ver la maternidad como una carga, la familia como una complicación, al marido como un potencial enemigo de la mujer, al padre como una figura autoritaria y opresora… todo vínculo se ve como una restricción de ese núcleo de autonomía que es el sujeto consciente.
La imagen de la Sagrada Familia brilla, por contraste, con toda la fuerza de la Cruz, escándalo para los judíos y estupidez para los gentiles. Como dijo el joven Joseph Ratzinger en su Introducción al Cristianismo, «ser cristiano significa esencialmente pasar del ser para sí mismo al ser para los demás». El cristiano se ve a sí mismo como parte de una totalidad que lo trasciende, y en ella ve que está su plenitud, cuando deja de vivir como un sujeto solo y autárquico. Además, sabe ver el valor de la humildad, de lo pequeño, sabe oír a Dios que habla en el silencio, se pasma ante la magnificencia de Dios que ha creado todas las cosas con generosidad y, sobre todo, ve el primado que tiene en la realidad la recepción. Todo esto es algo que el cristiano puede aprender de san José, verdadero padre de Jesucristo (aunque no biológico) y custodio de la Virgen María, y esa actitud propiamente cristiana es la que san Juan Pablo II busca mostrar en Redemptoris Custos, llamando a contemplar su figura.
No podía ser de otra manera, pues el Evangelio mismo nos muestra a san José como un ejemplo clarísimo de humildad, de sumisión y obediencia rendida —aunque no mecánica— a la Voluntad de Dios, de servicio, de trabajo, de pobreza y, por cierto, también de las virtudes propias de un buen marido y padre de familia: amor, fidelidad y prudencia, incluyendo aquella parte subjetiva de la prudencia que es la prudencia doméstica, por la cual sabía mandar como es debido (para mayor escándalo de nuestro tiempo). Jesús, en efecto, «estaba sometido» a él y a María: «esta “sumisión”, es decir, la obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José» (Redemptoris Custos, N°22). José supo ser propiamente un padre, que tuvo que educar a Cristo mismo. Jesús es perfecto hombre, y eso significa que también tuvo que aprender (misteriosamente, «crecía en edad y en sabiduría») en lo humano, incluyendo el trabajo. Magistralmente, Juan Pablo II conecta el amor en la Sagrada Familia con el trabajo de san José, un oficio manual que tuvo que enseñar a Jesucristo, Verbo hecho carne por nosotros y para nuestra salvación. Se ve así de qué manera Dios en su Hijo unigénito quiso asociar el trabajo material al misterio de la redención.
A José, desde su rol de verdadero padre de Jesús, le fue encomendada la tarea de ser custodio y cabeza de la Sagrada Familia y por tanto decidir los rumbos específicos por los que era necesario conducirse para cumplir con los designios de Dios:
Entonces José, habiendo sido advertido en sueños, «tomó al niño y a su madre y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo»» (Mt 2, 14-15; cf. Os 11, 1). / De este modo, el camino de regreso de Jesús desde Belén a Nazaret pasó a través de Egipto. Así como Israel había tomado la vía del éxodo «en condición de esclavitud» para iniciar la Antigua Alianza, José, depositario y cooperador del misterio providencial de Dios, custodia también en el exilio a aquel que realiza la Nueva Alianza. (Redemptoris Custos, 14)
San José obedece a Dios que le habla en sueños por medio de su ángel, pero vemos implicada en esa obediencia su propia iniciativa, que toma al Niño y a su Madre, que los conduce por el camino a Egipto y que los trae de vuelta, para que se cumplan las palabras del profeta. A ojos humanos, podría resultar particularmente llamativo que Dios haya comunicado solamente a san José la noticia del peligro que acechaba a Jesús: su Madre es la criatura más perfecta y es Madre de Dios, pero es a san José a quien Dios le avisa los planes de Herodes, y María debe obedecer a José para ejecutar el plan divino (ser tomada por José y llevada a Egipto con su Hijo). De la misma manera, cuando vuelven, José mismo es quien toma la iniciativa de no volver a Judea, para radicarse en Nazaret de Galilea y así, una vez más, Dios se sirvió de la inteligencia de san José y de sus decisiones para que se cumpla la Escritura según la cual Jesús sería «llamado Nazareno».
La Escritura nos dice que en la tierra era un varón justo, es decir, un santo. No sabemos ni una sola palabra que haya salido de su boca —es el santo del silencio—, pero todas sus acciones se encaminan a acatar el plan divino, como una imitación del «hágase» de María, pero expresado sólo en obras:
Ahora, al comienzo de esta peregrinación, la fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel dijo de la Madre del Redentor: «Feliz la que ha creído», en cierto sentido se puede aplicar esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra de Dios, cuando le fue transmitida en aquel momento decisivo. En honor a la verdad, José no respondió al «anuncio» del ángel como María; pero hizo como le había ordenado el ángel del Señor y tomó consigo a su esposa. Lo que él hizo es genuina «obediencia de la fe» (cf. Rom 1, 5; 16, 26; 2 Cor 10, 5-6). (Redemptoris Custos, 4)
San Juan Pablo II en esta encíclica contempla la vida de san José. En ella se pueden percibir con claridad todas estas virtudes. Un texto estupendo para meditar en esta fiesta de San José, para pedirle que interceda por la familia en Chile y el mundo, en esta época en que tanto se la ataca y cuestiona, y para comprender a la luz de su vida el camino a la santidad, enseñando a vivir lo más propio de una auténtica vocación: un servicio a la vida de otros de cara a Dios. Este servicio consiste en dar vida, que es la esencia de la paternidad. Estas ideas resultan especialmente útiles para estos tiempos, en que es tan necesario recuperar el concepto de un buen padre de familia y ver que la familia no se estructura en función de relaciones de conflicto, sino que es una comunidad unida por el amor mutuo a ejemplo del amor esponsal de Cristo con su Iglesia.
Puedes encontrar el texto de la exhortación en este enlace
El Valor de la Paternidad
Por: Ignacio Suazo y Vicente Hargous
- Introducción
A muchos, incluso dentro del mundo católico, podría llamar la atención la enorme centralidad que la Iglesia Católica da a la familia y la paternidad. Quizás alguien podría preguntarse por qué la Iglesia es tan inflexible al conservar una visión de la familia que a ojos contemporáneos parece obsoleta. ¿No sería mejor simplemente decir que «los tiempos cambian» y que por ende deberíamos dar un aggiornamento, una puesta al día de la doctrina al siglo XXI?Es una crítica frecuente: —¡Tenemos autos y aviones! ¡Tenemos luz eléctrica y computadores! Así como las carretas y las velas quedaron atrás en la oscuridad de la «edad media», de la misma manera debemos dejar atrás esas formas retrógradas de ver la sexualidad y la familia.Parece tentador… la concupiscencia nos tira de la ropa, según la expresión del santo de Hipona en sus Confesiones. A la jerarquía de la Iglesia también le puede seducir la visión exclusivamente humana de facilitar las cosas… ¿no «ganaría» más adeptos con sólo relajar un poco las costumbres sobre el sexto y el noveno mandamiento? ¿No le permitiría gozar de más «aceptación» y «prestigio» en el mundo moderno? Parece que dejar atrás ese «lastre» moral haría todo más fácil a todos. ¿Por qué, entonces, mantener tan tozudamente una definición tan «restrictiva» de familia en el centro de la discusión? ¿No hay acaso temas más importantes —que la Iglesia también reconoce como relevantes—, como la pobreza, las condiciones laborales o el medio ambiente? Incluso si entendemos que la familia y la paternidad son importantes ¿no sería mejor usar conceptos más amplios, que den cabida a todas las situaciones familiares posibles?
La respuesta está en que la Iglesia no existe para alagarse a sí misma, para buscar adeptos, para congraciarse con el mundo, para incrementar su propio prestigio frente a los poderes de nuestro tiempo. La misión de la Iglesia es la salvación de las almas, acatando la Voluntad de Dios, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (I Tim. II, 4). La verdad es algo que hemos de recibir, de reconocer, y no algo que podamos crear o modificar a nuestro antojo. Existe una verdad del hombre, que solamente se esclarece en el Misterio del Verbo encarnado (cfr. Gaudium et Spes, 22). La fe y moral constituyen un depósito, que la Iglesia solamente administra, del que no puede disponer arbitrariamente… Si la Iglesia buscase adaptarse a los vientos de doctrina, a las modas de cada época, se traicionaría a sí misma, pues llevaría a los hombres a vivir a su gusto, pero no a que tengan Vida y la tengan en abundancia.
La familia forma parte del designio de Dios al crear al hombre como imagen suya: por analogía, podemos decir que Dios es una familia, al ser Trino en Personas. Así como la Trinidad son tres personas y un solo Dios, de la misma manera los cónyuges se vuelven una sola carne y dan origen a una comunidad de hijos y padres, llamada a la unidad y pluralidad que existe en Dios. Él quiso que el hombre viviera y creciera en familia: «no es bueno que el hombre esté solo» (Gn. II, 18). El que sea un designio de Dios implica una dirección teleológica, y por ende un orden. Se trata, por tanto, de una familia con unos contornos determinados, que dependen de los fines unitivo y procreativo que señalaba Pablo VI en su encíclica Humanae Vitae.
Frente a la hipócrita búsqueda de justificación de los fariseos para dar el libelo de repudio a la mujer y separarse de ella resuena la respuesta de Cristo: «Moisés por la dureza de vuestros corazones os permitió repudiar a vuestras mujeres, pero en el principio no fue así» (Mt. XIX, 8). «En el principio», en el origen, en el inicio, en el designio creador de Dios. Recibimos el ser en una naturaleza determinada, ordenada a determinados fines. Como parte de ese orden natural originario existe la institución del matrimonio, que fue elevado por Cristo a la dignidad de sacramento entre bautizados. No se trata de un matrimonio «por la Iglesia» distinto del matrimonio natural. El matrimonio es una realidad natural que la ley debe reconocer; y esa misma realidad natural es la que fue perfeccionada por Dios, que la elevó a la dignidad de sacramento, porque la gracia no quita la naturaleza, sino que la lleva a su plenitud.
Existe un orden en la familia que es independiente de la voluntad humana, y que forma parte del designio de Dios. No se trata solamente de un orden ético individual acerca de la sexualidad, sino que incluye además las formas de relacionarnos como personas en sociedad, a través de la familia. La familia es jerárquica, existe una autoridad y un orden en la familia, y la figura que es cabeza de la familia es precisamente la del padre. Se trata de una autoridad, pero no de una forma de dominio despótico, sino de una potestad dirigida al bien integral de la persona del hijo.
- La sociedad familiar como comunidad de amor encabezada por el buen padre de familia
Hemos dicho que la paternidad se enmarca dentro de un orden natural de la familia y que, en efecto, sólo desde este prisma puede entenderse la esencia de la paternidad. Tal razonamiento, sin embargo, sigue siendo igual de sospechoso para los críticos de la familia tradicional. —Eso no funciona y nunca ha funcionado en Chile —nos dicen, acompañando un desfile de datos empíricos—: ¡un 8,7% de niños en Chile ha sufrido abuso sexual! (¡muchas veces por familiares!), ¡un 28% de niños en Chile sufre maltratos graves! (UNICEF, 2015) … Y si bien esta clase de injusticias se encuentran más acentuadas en estratos populares, la disfuncionalidad no es patrimonio de los más pobres: en ambientes de mayor nivel socioeconómico, muchos padres roban a sus hijos aquello que legítimamente les es debido: tiempo compartido. ¿De qué familia nos hablan? —entonces viene el dato de la triste realidad chilena—: ¡los porcentajes de hijos nacidos fuera del matrimonio en Chile siempre han sido altos, desde que hay registros! ¿Por qué tanta preocupación por algo que no es una realidad y nunca lo ha sido en Chile?
En resumen, quienes cuestionan la familia tradicional nos echan en cara una dolorosa realidad: muchos padres chilenos cometen (y han cometido) graves injusticias contra sus hijos, y hay además muchas familias rotas o disfuncionales, y muchos niños que no reciben la familia a la que tienen derecho.
Las llamadas filosofías de la sospecha (Freud, Marx, Nietzsche) y sus derivados han acentuado esta tendencia, causando estragos en la idea original de la familia. Al ver en todo vínculo una fuente de eventual conflicto —cuando no una estructura o superestructura de opresión—, impiden entender la vocación humana al amor. Desde hace algunos años se habla mucho de la opresión del «patriarcado» contra la mujer —el feminismo ve al marido como un opresor y la maternidad como una carga patriarcal—, pero últimamente ha penetrado también el discurso que pretende acabar con el «adultocentrismo». Ambos discursos tienen un sustrato ideológico común contrario a la antropología verdadera: la sospecha contra el padre de familia, la lectura de toda relación humana como una relación de conflicto y de toda jerarquía como una forma de opresión.
Francisco Canals, en un texto verdaderamente notable, destacaba que santo Tomás o santa Teresa de Jesús no tienen «ismos» (cfr. Canals, 1968). No se ve en santa Teresa una defensa del «feminismo» que «reivindica el lugar de la mujer», pero tampoco un «machismo» para tratarla indignamente. Lo mismo podemos decir de santo Tomás cuando trata la tarea del maestro respecto de su discípulo, del marido respecto de su mujer o del padre respecto de su hijo. No se ve en ellos la defensa de un polo ideológico reaccionario que se opone dialécticamente a un polo revolucionario, ni tampoco la promoción de éste. Y es que antes de la irrupción de las modernas ideologías de la separación de lo que siempre había permanecido armónicamente unido —marido y mujer, padre e hijo, individuo y sociedad, fe y razón…— existía una mayor comprensión de la unidad de lo plural, no como unidad uniformadora, sino como una síntesis sin antítesis (cfr. Canals, 1968).
La relación entre padres e hijos, al igual que la relación entre el hombre y la mujer, se comprende en la familia como una comunidad de amor fecundo. Los frutos de la relación conyugal de amor son los hijos. Lo ideal para todo niño es que nazca en una familia como fruto del amor. El hijo por naturaleza no se integra en una familia, sino que nace en el seno de una familia que le regala la vida y todo lo que tiene. Ser padre consiste, desde esta perspectiva, en dar vida (como la madre, aunque en un sentido distinto). Pero este acto de dar vida no se agota en la cópula sexual, como ocurre en muchos animales, sino que exige también que el padre se haga cargo de su familia, tomando el rol de cabeza de la familia, de ser un buen padre de familia, con todo lo que eso implica. El padre no puede verse a sí mismo como una mera máquina proveedora de recursos para su familia, sino que tiene una función esencial en la crianza y educación de sus hijos. Su presencia es fundamental para que sus hijos reciban adecuadamente la fe y lo necesario para desenvolverse en la sociedad, encontrando en el padre un ejemplo recio, viril y vivo al que imitar y en el cual apoyarse.
- La transmisión de la fe
La fe de la Iglesia se conserva con fidelidad mediante la transmisión comunitaria, que primeramente se produce en la familia, donde los padres regalan la fe a sus hijos. El Compendio del Catecismo de la Iglesia, al responder a la pregunta por los deberes de los padres respecto de los hijos, destaca en primerísimo lugar la enseñanza de la fe y la educación:
Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios, y proveer, en cuanto sea posible, a sus necesidades materiales y espirituales, eligiendo para ellos una escuela adecuada, y ayudándoles con prudentes consejos en la elección de la profesión y del estado de vida. En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana. (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 460)
La transmisión de la fe supone un contenido doctrinal racional y claro a ser transmitido. En un mundo donde el rol de la educación formal es cada vez más protagónico y la información es cada vez mayor, este aspecto adquiere una relevancia especial. Sin embargo, hay ciertas experiencias vitales que ayudan a hacer comprensibles estas ideas y nos ayudan a tener una actitud más receptiva hacia ellas. Esto significa que, cuando estas experiencias no están, la transmisión de tales ideas se ve enormemente dificultada.
- Participación de la paternidad de Dios: el padre como reflejo de Dios
A la luz de la fe, el concepto de paternidad no solamente se ve enriquecido, sino que cobra más sentido, hasta el punto de que sólo desde ella se comprende plenamente en qué consiste la paternidad. Dios en cuanto es Creador, principio de todas las cosas, es llamado Padre de todas las criaturas. Pero además los cristianos por el bautismo, junto con ser liberados del pecado original, hemos sido reengendrados como hijos de Dios, al incorporarnos a Cristo y ser configurados con Cristo de manera indeleble por el Espíritu Santo. De esta manera, no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos verdaderamente (cfr. I Jn. III, 1). No se trata de un sentido metafórico: es una filiación real, aunque adoptiva (solamente el Hijo posee por naturaleza la filiación divina). Los bautizados somos realmente hijos, y Dios es realmente nuestro Padre.
Esto tiene repercusiones enormes en lo que se refiere a la idea misma de paternidad, que no se agota en la procedencia biológica. En efecto, todo padre biológico da vida a sus hijos, y en ese sentido participa de la paternidad de Dios: «Por razón de su gracia, doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, del que toda paternidad en el cielo y en la tierra toma su nombre» (Ef. III, 14-15). Toda paternidad procede de la paternidad de Dios. Todo padre lo es por analogía con el Padre celestial.
Ser «Padre» comprende el ser autoridad. Dios mismo junto con dar el ser a sus criaturas las configura de una manera determinada: no crea sino seres subsistentes en naturalezas determinadas, pues todo lo que es también es algo, y ese algo es limitado. Ahora bien, esto quiere decir que el acto creador de Dios es a la vez un acto legislador, es decir, una configuración teleológica intrínseca que dispone un orden de las operaciones de cada ser a ciertos fines. Cada padre es autoridad por encabezar la sociedad que es la familia (es la primera autoridad natural), pero esto tiene un fundamento más profundo en la paternidad de Dios. Como una suerte de participación del gobierno de Dios sobre cada cosa que existe, cada padre terrenal es también autoridad respecto de aquellos a quienes ha dado el ser. El padre no solamente engendra hijos, sino que los conduce a su propia plenitud, a su bien, y en eso consiste precisamente educar. El padre cumple un rol educador respecto del hijo, y el hijo tiene un deber de obedecer a su padre.
Al igual que la autoridad de Dios, que conduce con suavidad, como de la mano, de la misma manera debe un padre terreno conducir a su hijo, sin sustituir sus propios pasos ni ahogar su propia iniciativa, sino buscando que pueda caminar por sí mismo, pero con orden a su propio bien. Este orden implica la necesidad de corregir cuando se desvíe del camino. Una mano firme pero comprensiva; que castiga pero también perdona. Y estos polos se armonizan y complementan porque están al servicio del crecimiento del hijo. Toda autoridad debería buscar que aquellos que están a su cargo crezcan y sean dirigidos a su propio bien.
El padre que ejerce bien su autoridad es capaz de reflejar débil pero realmente la autoridad de Dios. Esto entrega al hijo no solamente una verdadera conducción a su propio bien, sino además un reflejo de cómo es Dios, que es verdaderamente Padre. Así, el padre natural predispone a sus hijos a comprender de manera viva qué significa que Dios sea Padre. La vida sobrenatural de cada niño comienza en casa no solamente por los conocimientos que pueda recibir, sino también porque en ella vive en familia, bajo los cuidados y la autoridad de un padre.
- Conclusión: Paternidad y autoridad
La opción preferencial por los más pobres y otros temas económicos y sociales sin duda son muy importantes para la Iglesia. De hecho, ella ha dedicado a estos temas una parte no menor del Corpus de su Doctrina Social. Sin embargo, en la transmisión de la fe se juega la misma vida sobrenatural en la Iglesia, la vida de cada uno de sus fieles como hijos de Dios. Y si bien muchas veces la conversión opera a través de disquisiciones puramente racionales, la Iglesia sabe que esta transmisión se realiza ordinariamente en la familia, de forma natural:
La conciencia viva y vigilante de la misión recibida con el sacramento del matrimonio ayudará a los padres cristianos a ponerse con gran serenidad y confianza al servicio educativo de los hijos y, al mismo tiempo, a sentirse responsables ante Dios que los llama y los envía a edificar la Iglesia en los hijos. Así la familia de los bautizados, convocada como iglesia doméstica por la Palabra y por el Sacramento, llega a ser a la vez, como la gran Iglesia, maestra y madre. (Familiaris Consortio, 38)
En ese sentido, la paternidad es una forma privilegiada de transmitir no sólo la vida corporal, sino también la vida sobrenatural que consiste en vivir como hijos de Dios, ser otros Cristos, hijos en el Hijo por el Espíritu Santo. La Iglesia lo sabe y así lo han entendido también nuestros últimos Papas. Por eso, no puede dejar de apostar por la familia en general y por la paternidad en particular, sabiendo todo lo que está en juego.
En esa línea, no es descabellado pensar que el proceso de secularización en todo el mundo se debe en buena parte a la desestructuración de la familia y la pérdida de auténticas figuras paternas a lo largo del globo. Esta desestructuración está lejos de limitarse al plano religioso y sus efectos tienen repercusiones incluso dentro del orden político. Durante los últimos años hemos visto una creciente pérdida de sentido de autoridad, con la consiguiente deslegitimación de gobernantes a lo largo y ancho del mundo, especialmente en occidente.
Además de esta pérdida del sentido de autoridad, el concepto mismo de paternidad se ha ido diluyendo, mostrándose como algo indiferente en la crianza de los hijos. Lo que se encuentra detrás de los proyectos de adopción «homoparental» o de «filiación de hijos de parejas del mismo sexo» es esta equivalencia funcional de los dos padres. Se nos intenta decir que no habría diferencia entre lo que aporta la mujer y lo que aporta el varón en la educación de un niño. ¿No es por lo menos curioso que en el lugar más importante —donde la persona nace, crece y aprende a vivir, entender y amar— digamos que la mujer no tendría nada que aportar en la crianza de un hijo, o que no habría diferencia entre lo que uno y otro puede regalarle?… Quizás lo que hace falta es profundizar sobre los conceptos mismos de paternidad, maternidad y filiación, su vínculo con las ideas de recepción, de don, de entrega, de vida, de amor.
Por otro lado, la patria potestad es un concepto altamente cuestionado, e incluso atacado mediante leyes que apuntan a resaltar una autarquía del niño frente a sus padres, que no pasarían de ser meros guías o auxiliares para que los niños puedan ejercer su «autonomía». Resulta verdaderamente sorprendente la cantidad de proyectos de ley que pretenden exaltar al niño como un individuo radicalmente autónomo, vacío en su propia libertad negativa. Esta visión es verdaderamente muy superficial, no sólo porque asume conceptos malentendidos de libertad y derechos, sino porque además prescinden de la existencia de lo bueno para el niño (y por ende para el hombre), siendo que la educación y la autoridad y la libertad están dirigidas precisamente al bien de la persona.
La recuperación de la paternidad es, por tanto, una tarea de primera necesidad. Esto exige que los hombres sean conscientes de la difícil tarea que tienen por delante y pongan los medios para cumplirla. Pero eso no basta: también es necesaria una lucha cultural por la recuperación de la figura paterna, tal como se la ha entendido tradicionalmente. Dicho en palabras simples: si quisiéramos hacer un taller de «paternidad activa» sin duda serían importantes los módulos de «control de impulsos», «interés por el niño» y «demostración de afectos», pero todo ese esfuerzo quedará trunco si no se recuerda la importancia del matrimonio (se es padre con una y sólo una madre), del rol educador que tienen los padres respecto de sus hijos (incluyendo medios como el de darles un justo castigo cuando corresponda) y la referencia última a Dios. Sin estas coordenadas, difícilmente los hijos podrán experimentar la autoridad del Padre Dios en sus padres.
Bibliografía
Canals, Francisco (1968): «Monismo y pluralismo en la vida social», Verbo, N°61-62.
Ugarte, José Joaquín (2010): Curso de filosofía del Derecho, T. I, 1a ed., Ediciones UC, Santiago.
UNICEF (2015): «4° estudio de maltrato infantil en Chile: análisis comparativo 1994-2000-2006-2012», UNICEF, Santiago, Chile.
Widow, Juan Antonio (1988): El hombre, animal político. Orden social, principios e ideologías, 2a ed., Editorial Universitaria, Santiago.
Fuentes tomadas del Magisterio de la Iglesia
Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica
Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes
Juan Pablo II, Familiaris Consortio
Pablo VI, Humanae Vitae
«No solo de pan vive el hombre» por Cristóbal Aguilera
Les dejamos a continuación esta columna de Cristóbal Aguilera, miembro de nuestro directorio publicada el 18 de marzo en El Líbero.
No es necesario ser creyente para suscribir esta sentencia. El hombre es un animal social, artístico, libre, racional. Necesita un techo, pero también un hogar. Un ateo puede sin problemas aceptar, tal vez movido por su propia experiencia, que tenemos una natural inclinación a despegarnos de la materia y reflexionar acerca de cuestiones espirituales como la muerte.
¿Cuál es el motivo, entonces, de la polémica tras la decisión del gobierno de levantar la prohibición de celebrar ceremonias religiosas en Fase 2? ¿Cómo se explica la fuerte objeción en contra de la celebración del culto religioso, si tanto moros como cristianos reconocen la importancia de resguardar la dimensión espiritual de la persona?
Pueden formularse múltiples hipótesis al respecto. Tal vez, un modo de encontrar una respuesta a estas preguntas es detener la mirada en la frase que complementa y llena de sentido la sentencia antes aludida: “sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Aquí el consenso inicial tiende a diluirse bruscamente. Una cosa es aceptar que no nos reducimos a pura materia, pero otra distinta, muy distinta, es reconocer nuestra dependencia existencial. Podemos admitir incluso la necesidad, si se quiere, psicológica, de creer en algo o alguien cuya existencia no nos es posible comprender ni comprobar empíricamente. Pero de ahí a aceptar la idea según la cual lo que el hombre verdaderamente necesita, antes que todo, es oír lo que Dios quiere decirnos, hay un abismo de proporciones.
La religión no pisa tierra firme en estos tiempos. Las amenazas que le asechan son múltiples, desde el deterioro de los vínculos sociales, hasta los errores y horrores que han cometido miembros de ciertas iglesias, pasando por las agendas políticas que buscan que la vida de fe en las sociedades democráticas se reduzca a rezar a puertas cerradas. Sin embargo, el principal adversario que enfrenta la religión es el mismo de siempre; el mismo que el demonio expresó en aquella frase con la cual tentó a Adán y Eva: “seréis como dioses”. Es la autoafirmación existencial, la referencia al propio yo, la exaltación de nuestra aparente soberanía individual aquello que choca frontalmente con la idea de relacionarnos con un ser superior que nos muestra lo pequeños y dignos que somos, y con la idea de que es ese ser el único fundamento de nuestras esperanzas.
¿Por qué diablos no se conforman con seguir la misa desde sus celulares? ¿Cuál es la idea de confesar las propias faltas ante un hombre que, tal vez, está contagiado o que nosotros podemos contagiar? ¿En realidad piensan que nuestra existencia eterna depende de comer con cierta frecuencia un trozo de pan blanco y circular? Estas preguntas, con las que se intenta interpelar a los creyentes, no nacen de una genuina preocupación por la salud pública. Lo que subyace a ellas es justamente la seguridad que aparentemente ofrece la doctrina (la religión) de la autonomía o soberanía individual. La perplejidad que provoca ver a familias enteras reclamando por no poder asistir a misa es la otra cara de la moneda de un sentimiento de excesiva confianza en las cosas de este mundo.
Quizá lo más sorprendente de todo sea que estos tiempos de pandemia nos han dado motivos de sobra para aquilatar nuestra propia insignificancia. A la vez, nadie podría negar que nuestra sociedad, previo a la llegada del virus, se encontraba, y ahora tal vez más, hundida en una especie de hastío generalizado que ha permitido la proliferación de lo que Robert Spaemann denominó “nihilismo banal”.
Todo esto, por cierto, es insostenible. La historia y nuestra propia experiencia nos demuestran que el hombre necesita darle a la existencia un sentido que sobrepasa las propias fuerzas; que requiere de una opción por la que valga la pena renunciar incluso a sí mismo. Una opción, a fin de cuentas, que haga justicia a la frase de que no solo de pan vive el hombre. Es obvio que algo así no es posible encontrarlo en este mundo, y puede que estemos más cerca de lo que creemos de aquel día en el que, según Leon Bloy, “los hombres estén tan cansados de los propios hombres que bastará con hablarles de Dios para verles llorar”.
Foto de Canva
Equidad
Les dejamos a continuación esta carta escrita por Rosario Corvalán de nuestro Equipo Legislativo en conjunto con colectividades pro-vida publicada el 17 de marzo en La Segunda.
Señor Director:
Como cada miércoles, hoy la Comisión de Mujeres y Equidad de Género de la Cámara de Diputados volverá a recibir invitados para discutir el proyecto que busca despenalizar el aborto hasta la semana 14 de gestación.
Entendiendo que la idea de este debate es justamente recopilar opiniones y experiencias a favor y en contra de dicha despenalización para informadamente resolver la idea de legislar, sorprende y molesta la arbitrariedad con la que diputadas promotoras del proyecto han tratado a sus invitados, incurriendo en eventuales incumplimientos al Reglamento de la Cámara y olvidando que la ciudadanía les ha encomendado la tarea de legislar escuchando todas las posiciones.
Así actuaron la semana pasada las diputadas Maite Orsini, Presidente de la Comisión, y Maya Fernández, quienes desde su posición de poder han hecho notar su sesgo en este tema, incluso permitiéndose interrumpir y cuestionar el currículum de la Dra. Carolina Aguilera, quien había sido invitada por la misma comisión para aportar su experiencia y conocimiento.
Preocupa que esta siga siendo la tónica en el futuro de las sesiones y hacemos un especial llamado a la Comisión de Mujeres a mostrar una apertura real y honesta frente a un tema tan complejo de abordar, que no puede excluir las miradas científicas y filosóficas, ni mucho menos desestimar el impacto que podría tener en nuestra salud pública, como las invitadas que han expuesto en contra del proyecto han intentado explicar.
Rosario Corvalán, Comunidad y Justicia
Tatiana Bórquez, Colectivo por las 2 Vidas
Constanza Saveedra, Testimonio por la Vida
Francisca Jofré, Mujeres Reivindica
Investigador Ignacio Suazo es entrevistado en Radio Portales de Valparaíso por proyecto de Eutanasia
El 15 de marzo, nuestro Investigador Ignacio Suazo fue invitado a la Radio Portales de Valparaíso en el programa «Vamos Somos Chilenos» para hablar acerca de nuestro libro «Un Atajo Hacia la Muerte» y el proyecto de ley de Eutanasia que se encuentra en discusión en el Congreso junto a los panelistas Pilar Soberado y Patricio Carrasco.
Ignacio explicó que la eutanasia se define como «el médico que provoca deliberadamente la muerte de un paciente». Sin embargo, el Investigador aclara que la desconexión de una máquina que permite a una persona seguir viviendo, no se considera eutanasia ya que «es distinto matar que dejar morir «.
Durante la entrevista, Ignacio sostuvo que la «la vida es un don» ya que «nosotros no elegimos vivir», sino que es algo que fue «entregado por nuestros papás, la sociedad en la que estamos insertos, el país, entre otros». En este sentido, agrega que el dolor se puede convertir en la «oportunidad para encontrarle el verdadero sentido a la vida» y por lo mismo la eutanasia no es la respuesta.
Puedes encontrar la entrevista completa en el siguiente enlace: