Author : Comunidad y Justicia

«Humanizar la política» por Cristóbal Aguilera

Cuando se habla de humanizar la política normalmente se piensa en el desafío de adecuarla a los estándares que exige la dignidad humana. La política muchas veces se reduce a una guerrilla sobre el poder, que solo recuerda a los invisibles y vulnerables de cuando en cuando, sobre todo en épocas de elección o cuando una noticia hace rentable la preocupación social. En algún sentido, se podría aplicar a la política aquella célebre frase de Gabriela Mistral: «la humanidad es todavía algo que hay que humanizar».

El desafío de humanizar la política también puede comprenderse desde otro punto de vista, que dice relación con volver a entender la política como un «hacer humano». La política no es, como hoy se cree, puro sistema, sino que primeramente es acción con sentido (praxis), acción común. Sin embargo, y por múltiples motivos, esto se ha perdido casi por completo de vista, y el debate constitucional ha profundizado la idea de que las acciones de los ciudadanos carecen de toda trascendencia pública. Se confía en las estructuras al punto que se les encarga el desafío de configurar la forma de vivir en común (que en este esquema debe ser “neutral”) con independencia de cómo actúen y se comporten los ciudadanos.

«El debate constitucional ha profundizado la idea de que las acciones de los ciudadanos carecen de toda trascendencia pública. Se confía en las estructuras al punto que se les encarga el desafío de configurar la forma de vivir en común (que en este esquema debe ser “neutral”) con independencia de cómo actúen y se comporten los ciudadanos.«

Esto último, con todo, es una mera ilusión. Es la acción humana lo que configura inicialmente el espacio público. Y, a partir de esta acción, se crean las estructuras y sistemas que posibilitan el ethos. En otras palabras, el ethos no es el resultado de las estructuras, sino que ellas se subordinan a aquel, que está definido por los fines y acciones de los habitantes de una comunidad. El bien de la sociedad, como decía Benedicto XVI, se basa fundamentalmente en los esfuerzos éticos de los hombres que la sostienen. Por ello, es importante combatir aquella idea según la cual la ética es un asunto meramente privado. La realidad –contra algunas ideologías en boga– indica precisamente lo contrario: no es posible la realización de una comunidad política sin el compromiso moral de sus miembros.

Aristóteles consideraba que el bien del individuo es el mismo que el de la ciudad. Una idea así es muy chocante en una sociedad individualista como la nuestra, pero no por eso deja de ser verdad. Cabe precisar, por cierto que, frente al individualismo que hoy impera la solución no es traspasarle al Estado la responsabilidad por lo público, como se pretende desde algunos sectores: dicha actitud paradójicamente termina por agudizar precisamente la exaltación del individuo. Lo fundamental, sobre todo en el contexto actual, es recordar que nuestra sociedad es una realidad que solo puede sobrevivir como comunidad, es decir, como acción común, en la medida en que todos pongamos de nuestra parte. Las instituciones son cruciales para todo orden social, pero antes que ellas se encuentra la cuestión más fundamental de que todos, con la conciencia de la propia imperfección, busquemos superarnos cada día en la situación particular en la que nos encontremos, procurando con ello el bien de nuestra sociedad (el bien común), que es aquello que le da su sentido. En otras palabras, la humanización de la política implica asumir el desafío de convertirnos en verdaderos ciudadanos.

«Tener un bebé» por Dorothy Day

Catholic Worker, diciembre de 1977, 8, 7.

Resumen: Una reimpresión de su descripción del trabajo de parto y el nacimiento de su hija Tamar en 1928. Las memorias describen la espera para comenzar el trabajo de parto y los comentarios sobre las mujeres que la rodean en la Clínica del Hospital Bellevue. Con la ayuda de su prima Carol, regresa a Bellevue varios días después cuando comienzan sus dolores de parto. Incluye una descripción vívida del dolor que soportó, sus pensamientos y de las personas que encuentra durante esas horas. También incluye una tierna descripción de la lactancia materna y sus primeros días con su hija. (DDLW # 583).

Cuando estuve en México hace muchos años (¡en 1929!), Mi hija Tamar tenía tres años. Un día estábamos visitando a Diego Rivera, cuyos hermosos murales estaban por toda la Ciudad de México. Él miró a mi hija y dijo: “Conozco a esta niña. Su artículo «Tener un bebé» se reimprimió en toda la Unión Soviética, en muchos idiomas. Debería ir allí y cobrar derechos «.

Escribí la historia para mi viejo amigo Mike Gold, que estaba editando New Masses en ese momento (junio de 1928). Aunque todavía no era católica, estaba firmemente resuelta a bautizar a mi hija como uno.
¡Ahora es madre de nueve y abuela de doce! Ha pasado una semana conmigo y acaba de regresar a su casa en Vermont. (No hace falta decir que ella necesita estar lejos de esa tribu de vez en cuando.) ¡Tuvimos una visita encantadora!

Dorothy Day
Diciembre de 1977

El miércoles recibí mi boleto blanco, que me daba derecho a tener un bebé en Bellevue. Hasta ahora había estado usando uno rojo, que me admitía en la clínica cada semana por un examen superficial. La enfermera a cargo parecía muy reacia a entregar el blanco. Ella me lo entregó, diciendo dudosa: «Probablemente llegarás tarde. Todas están llegando tarde en este momento. Les di boletos y solo porque los tienen, corren al hospital a todas horas del día y de la noche, pensando que ha llegado su hora, y descubren que estaban equivocadas «.

Los médicos de la clínica actuaron muy disgustados, diciendo: «¿Qué diablos le pasa a ustedes mujeres? Las salas están vacías «. Y solo una semana antes de estar diciendo: «Sostén este bebé tuyo, ¿quieres? Las camas están ocupadas e incluso los pasillos están llenos de gente».

La chica que se sentó a mi lado en la clínica ese día llegó tarde la semana anterior y yo estaba asombrada y desanimada de verla todavía allí. Era una chica bonita de ojos marrones con labios carnosos y dulces y una expresión paciente. Tenía sólo dieciocho años y era su primera bebé. Ella me trataba de «Señora», sin importar lo que le dijera. Parecía no tener curiosidad y no hizo ningún intento de hablar con las mujeres sobre su estado; solo se sentó allí con las manos cruzadas en su regazo, paciente, esperando. No parecía muy grande, pero se comportaba de forma torpe, infantil.

Había una griega que era muy elegante. Llevaba un turbante y un enorme y rosado collar de perlas, aros, un vestido brillante y medias color piel sobre sus todavía delgadas piernas. No hizo ningún intento de acurrucarse con su abrigo como hacen tantas mujeres. Tuvo que estar de pie mientras esperaba al médico. El lugar estaba tan lleno de gente, y se colocó sin complicaciones junto a la puerta, con la cabeza en alto, el abrigo abierto de par en par, su figura llena de la manera más graciosamente expuesta. Más bien se jactaba de sí misma, segura de sus atracciones. Y debido a su seguridad, era aún más atractiva.

Cuando llegué a casa esa tarde, pensando en ella, me puse mis cuentas de marfil y empolvé mi nariz. No podía caminar con ligereza y libertad, pero era fácil pavonearme.

Había otra mujer que llegó tarde, una gran moza irlandesa alegre que gritó estridentemente como salió del consultorio del médico, «El médico dijo que están cansados de verme por ahí y yo no puedo culparlos. Corrí tres veces la semana pasada, pensando que me había llegado la hora y no. Ellos dijeron, «¡La idea de que no conozcas los dolores cuando este es el tercero!». Pero estoy condenada si vuelvo a entrar aquí sin que me carguen».

Entonces, cuando me estaba preparando filosóficamente a mí misma para estar un mes, esperando a que mi hijo llamara a la puerta, comenzaron mis dolores, doce horas antes de lo programado. Estaba en la tina leyendo una novela de misterio de Agatha Christie cuando sentí el primer dolor y me emocioné, tanto por la novela como por el dolor, y pensé obstinadamente para mí mismo: «Debo terminar este libro». Y lo hice, antes de que llegara el siguiente, quince minutos después.

«¡Carol!» Llamé. “El niño nacerá antes de mañana por la mañana. He tenido dos dolores». «Es una falsa alarma», se burló mi prima, pero sus rodillas empezaron a temblar visiblemente porque después de todo, según todos nuestros cálculos, debía entregarlo a la mañana siguiente. «No importa. Voy al hospital a cambiar mi boleto blanco por Tamara Teresa ”, como la había llamado eufónicamente.

Así que Carol salió corriendo a tomar un taxi mientras yo me vestía de manera vacilante, y unos minutos después estábamos cruzando la ciudad en un taxi amarillo, con olor a cigarro, abrazándonos la una a la otra, mientras el conductor esquivaba cada bache en su ansiedad por asegurar mi bienestar.

El conductor exhaló un suspiro de alivio cuando nos dejó en Bellevue, y nosotros también. Nos sentamos por la mitad una hora más o menos en la sala de recepción. Mi caso evidentemente no requería atención inmediata, y observé con interés la recepción de otros pacientes. El doctor, saludándonos afablemente, preguntó cuál de nosotras era el caso de maternidad, lo cual me alagó tanto a mí y divirtió tanto a Carol que nuestra risa nos ayudó a superar cualquier impaciencia que sentimos.

Había una mujer negra con un bebé diminuto, nacido esa mañana, traído en camilla.

Ella siguió sentada, su hijo apretado contra su pecho, gritando que tenía dolor de oído, y el médico seguía empujándola hacia atrás. Carol, que sufría de la misma dolencia, dijo que preferiría tener un bebé que un dolor de oído, y estuve de acuerdo con ella.

Había también un borracho genial, asistido con dificultad por un taxista y su tarifa, que seguía insistiendo en que lo había pateado un gran caballo blanco. Sus heridas no parecían ser graves.

Luego llegó mi turno, y mientras un viejo ordenanza agradable y con aliento a whisky me llevaba en una silla, la atención de Carol se sintió atraída y desviada de mi terrible experiencia por la recepción de un hombre ahogado, o casi ahogado, de quien estaban tratando de obtener información sobre su esposa, si vivía con ella, su dirección, religión, ocupación y lugar de nacimiento –información que el hombre fue totalmente incapaz de dar.

Durante la siguiente hora recibí toda la atención que Carol hubiera deseado para mí, atenciones que no fueron del todo bienvenidas. La enfermera que me atendía era una criatura grande y hermosa de cabello marinado y caderas anchas, que alardeaba por la pequeña habitación con mucha gracia. Era una criatura frívola y hablaba de Douglas Fairbanks y de la película que había visto esa tarde, mientras empuñaba una navaja larga con abandono.

Abandonar. ¡Abandonar! ¿A qué me recordó eso? Oh si, a un pretendiente que tuve que dijo que me faltaba “abandono” porque no respondía a sus insinuaciones.

Pensando en las fotogramas, ¿por qué el hospital no proporciona fotogramas para las mujeres que tienen bebés? ¡Y música! Ciertamente las cosas deberían hacerse lo más interesantes posible para las mujeres que están perpetuando la raza. Era reconfortante pensar en las mujeres campesinas que se toman la hora del almuerzo para recibir a sus hijos, y luego ponen a los niños debajo del pajar y siguen trabajando en el campo. ¡Civilización infernal!

No tenía nada en casa donde poner al bebé, pensé de repente. Excepto un cajón de la cómoda. Carol dijo que tendría una canasta de ropa. Pero adoro las cunas. Lástima que no hubiera podido encontrar una. Hace mucho tiempo vi una adorable en el lado este de la ciudad, en una tienda de cosas de segunda mano. Querían treinta dólares por él y yo no tenía los treinta dólares, y además, ¿cómo sabía entonces que iba a tener un bebé? Aún así, quería comprarlo. Si Sarah Bernhardt podría llevar un ataúd por todo el país con ella, no hay ninguna razón por la que no pueda llevar una cuna conmigo. Era de color rosa brillante, no pintado de rosado, porque la examiné cuidadosamente. Una especie de madera rosada.

El dolor que penetraba en mis pensamientos me hizo enfermar hasta el estómago. Enfermo del estómago, o enfermo hasta estómago? Siempre solía decir «malestar hasta el estómago», pero William sentenció que es «malestar del estómago». Ambos me suenan muy divertidos. Pero diría lo que William quisiera que dijera. ¿Qué diferencia hizo? Pero he hecho tantas cosas que él quería que hiciera, estoy cansada de eso. Prescindir de la leche en mi café, por ejemplo, porque insiste en que la leche estropea el sabor del café. Y usando el mismo tipo de pasta de dientes. Es gracioso alcanzar tanta intimidad con un hombre que sientas que debas usar el mismo tipo de pasta de dientes que él. Despertar y ver su cabeza en tu almohada cada mañana. Es horrible acostumbrarse a cualquier cosa. No debo acostumbrarme a ese bebé. No veo cómo puedo.

¡Relámpago! Se dispara a través de la espalda, el estómago, las piernas y la punta de los dedos de los pies. A veces se tarda más en salir que en otras. Tienes que sacarlo entonces. Ahora no le temo a los rayos, pero solía tenerlo. Solía levantarme en la cama y orar cada vez que había una tormenta. Tenía miedo de levantarme, pero las oraciones no servían de nada a menos que las dijeras de rodillas.

Pasaron las horas. Pensé que debían ser alrededor de las cuatro y descubrí que eran las dos. Cada cinco minutos aparecían los dolores y en el medio dormía. A medida que comenzaba cada dolor, gemía y maldecía: «¿Cuánto tiempo durará este?» y luego, cuando hubo barrido con el hermoso ritmo del mar, sentí con satisfacción “podría ser peor”, y me agarré al sueño de nuevo frenéticamente.

De vez en cuando venía mi enfermera de grandes caderas para ver cómo me estaba yendo. Ella era una criatura sociable, aunque no tanto para mí, y trajo consigo a un médico joven, y a otras tres enfermeras para bromear y reír sobre los asuntos del hospital. Se dispusieron en las otras dos camas, pero mi enfermera se sentó a los pies de la mía, dejando toda mi cama torcida con su peso. Esto estropeó mi sueño durante los intervalos de cinco minutos y, consciente de mi agravio contra ella y la navaja, aproveché el comienzo del siguiente dolor para patearla sonoramente en el trasero. Se levantó de un tirón y se sentó amablemente en la cama de al lado.

Y así fue pasando la noche. Cuando me aburrí e impaciente con la constante inquietud de esas oleadas de dolor, pensé en todos los demás y más inútiles tipos de dolor que preferiría no tener. Dolores de muelas, de oídos y brazos rotos. Los había tenido todos. Y siendo este es un dolor mucho más significativo y satisfactorio, me consolé.

Y pensé, también, cuánto se había escrito sobre el nacimiento de un niño; al parecer, ninguna novela está completa sin al menos una escena del nacimiento. Conté los que había leído ese invierno: Upton Sinclair en “El milagro del amor”, Tolstoi en “Anna Karenina”, Arnim en “La esposa del pastor”, Galsworthy en “Más allá”, O’Neill en “El último hombre”, Bennett en “El cuento de las viejas esposas” y así sucesivamente. Todas estas descripciones, excepto una, habían sido escritas por hombres y, con el antagonismo natural hacia los hombres en ese momento, me molestaba su presunción.

«¿Qué saben ellos, los idiotas?», pensé. Y me dio placer imaginarme a una de ellas dando a luz. Cómo gemirían, gritarían y se rebelarían. ¿Y no harían miserables a todos los demás a su alrededor? Y aquí estaba yo, realizando una trabajo limpio y ordenado, comenzado de la manera más profesional, en el minuto ¿Pero cuándo terminaría?

Mientras dormitaba, me preguntaba y luchaba, comenzó la última escena de mi pequeño drama, para alivio de los médicos y enfermeras, que se estaban impacientando ahora que casi era tiempo para salir de servicio. La sonrisa de complacencia me fue borrada. Donde antes había olas, ahora había maremotos. Terremoto y fuego barrieron mi cuerpo. Mi espíritu era un campo de batalla en el que miles fueron masacrados de la manera más horrible. A través de la prisa y el rugido del cataclismo que me rodeaba, escuché el murmullo del médico y el murmullo de respuesta de la enfermera en mi cabeza.

En un resplandor blanco de agradecimiento supe que el éter estaba por llegar. Respiré profundamente, con la boca abierta y jadeando como un bebé hambriento por el pecho de su madre. Nunca había conocido un deseo tan imperioso y frenético por nada. Y entonces la máscara descendió sobre mi rostro y me entregué a ella, lanzándome al olvido lo más rápido posible. Mientras caía, caía, caía, muy rítmicamente, con el acompañamiento de timbales, oí, débil por el clamor en mis oídos, un graznido peculiar. Sonreí mientras flotaba soñadora y lujosamente en un mar sin olas. Entregué mi boleto blanco y lo siguiente que vería sería al bebé ellos me darían a cambio. Era la primera vez que pensaba en el niño en mucho, mucho tiempo.

La nariz de Tamara Teresa está ligeramente torcida hacia un lado. Duerme con la placidez de una Mona Lisa, de modo que no puedes ver el asombroso azul de sus ojos, que están extrañamente en blanco y, en ocasiones, ridículamente cruzados. El poco pelo que tiene es castaño rojizo y sus cejas son doradas. Su tez es de un rico bronceado. Sus diez dedos de las manos y de los pies son de una longitud y delgadez satisfactorias y pienso que será bailarina cuando sea mayor, cuyo futuro la aliviará de la necesidad de aprender a leer, escribir y aritmética.

Su labio superior largo, que se asemeja al de un policía irlandés, puede interferir con su belleza, pero con manos tan elegantes como las que ya tiene, nada interferirá con su gracia.

Justo ahora debo decir que ella es una puerca perezosa, mordisqueando mi bonito pecho lleno y demasiado perezosa para tirar de la comida. ¿Qué quieres, pajarito? Esto debería entrar en tu boca, supongo. Pero no, ya debes trabajar para tu alimento.

Tiene solo cuatro días pero ya tiene la mala costumbre de sentirse alegre y deseosa de jugar a las cuatro de la mañana. Fingiendo que soy un hueso y ella un cachorro, se preocupa por mí con inquietud, sacudiendo la cabeza y gruñendo. Por supuesto, algunas madres dirán que esto se debe a que tiene aire en el estómago y que debería sostenerla en posición vertical hasta un trago fuerte indica que está lista para comenzar a alimentarse nuevamente. Pero aunque la sostengo como es necesario, sigo pensando que el instinto de juego del niño está muy desarrollado.

Otras veces se detiene mucho tiempo, su boca se relaja, luego me mira con picardía, tratando de hacerme cosquillas con su diminuta lengua roja. De vez en cuando finge perderme y con un fuerte gemido de protesta me agarra una vez más para empezar a alimentarse furiosamente. Es divertido ver cómo trabaja su mandíbula y el hueco que aparece en la garganta de su bebé mientras traga.

Sentada en la cama, miro alternativamente a mi hermoso estómago plano y por la ventana a remolcadores y barcazas y el ancho camino del sol de la mañana en el East River. Los silbatos suenan alegremente y hay algunos hombres cantando en el muelle de abajo. El agua inquieta es de color lavanda y oro y el cielo encantador es un sentimental azul y rosa. Y gaviotas dando vueltas, cálidos grises y blancos contra la magia del agua y el cielo. Los gorriones gorjean en el alféizar de la ventana, el bebé farfulla cuando le da un bocado demasiado grande y se detiene, luego, un momento para mirar a su alrededor con satisfacción. Todo el mundo es complaciente, todo el mundo está satisfecho y todos están contentos.

«Carta a un ciudadano en reflexión» por Vicente Hargous

Los invitamos a leer esta excelente columna de nuestros asesor legislativo, Vicente Hargous, publicado por el medio digital Controversia, este lunes 21 de septiembre.

Te escribo a ti, porque tengo una preocupación sincera por lo que va a pasar en Chile. Quería escribirte, aunque el tema sea incómodo, sobre el plebiscito que se nos viene el 25 de octubre. No vengo a venderte la pomada con uno u otro bando: no es mi objetivo decirte que votes apruebo o rechazo, sino que reflexiones un poco. Obviamente tengo una postura personal, que te transparento desde ya: voy por el rechazo… pero eso no quita que podamos conversar.

Por una parte, sobran quienes quieren engatusarnos con sus ideologías: visiones simplistas de la realidad, que identifican un elemento concreto como la causa de todos los males. Muchos vendedores de utopías circulan hoy por Chile, a ambos lados del camino. Tengamos cuidado: algunos de ellos están como ciegos y son incapaces de ver fuera de la gnosis salvadora que ellos creen tener, y quizás otros tienen intereses para presentarse a la eventual Convención constituyente.

Pero por otra parte hay otros que nos llaman a la ‘mesura’, a las posiciones ‘moderadas’, al ‘equilibrio’. Esta postura puede ser atractiva, pero mira… pensémoslo un poco: ¿qué pretendemos con nuestro voto? ¿qué queremos con una Constitución? El defecto del llamado a la ‘moderación’ es que, aunque parece sensato, pone los ojos en los medios, pasando por alto que el fin es el que causa la forma. —Que si la Convención Constituyente es mixta, que si es simple, que si los candidatos, que si los acuerdos van a ser por dos tercios, que si habrá acuerdos o si habrá aplanadoras… todo eso es importante, pero su importancia es medial, no final.

¿Qué queremos lograr? La pantomima ridícula del veleidoso zigzagueante, al igual que la del cordero ideologizado con voto ‘del partido’, representa exactamente lo contrario de lo que debe ser tu actitud y mi actitud frente a decisiones así, donde nos jugamos parte no menor de las normas que regulan la vida pública nacional y el Estado (porque ojo: la eventual nueva Constitución no es un pacto social que va a refundar Chile, sino solamente una norma que, por la relevancia de su contenido, es más rígida que las demás). Lo que debemos buscar no es una mayor representación de opiniones, sino el bien común. Puede que el diálogo y el contraste de opiniones nos ayude a conocer qué es lo mejor, pero no es algo que busquemos como un fin. El consenso porque sí, los acuerdos por los acuerdos, no sirven, porque de hecho ocurre y ha ocurrido que lleven al error, a soluciones que nos pueden hacer mucho daño.

¿Sabes lo que nos jugamos en este plebiscito? Si apuntamos al bien común, no debemos buscar únicamente consensos (ni tampoco contentarnos con evitar desastres económicos), sino también tratar de asegurar ciertos mínimos, ciertos valores que “no son negociables”. Nos jugamos una estructura del Estado, pero también una visión de la persona humana, de la familia, de las sociedades menores, de la naturaleza humana y de los derechos inherentes a la persona humana. Nos jugamos la protección de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, de la familia como núcleo fundamental de la sociedad, de la libertad de enseñanza, del derecho preferente y el deber de los padres en la educación de los hijos. Todas esas cosas están en la Constitución actual… y existe un riesgo de que sean eliminadas. Obviamente, hay que ponderar ese riesgo con otros elementos que también tienen relevancia para el bien común, pero no puede ser que no consideremos para nada esos elementos, que son buenos y esenciales para un orden político justo.

Yo también veo que el problema político y social que tenemos es gordo, y que no se va a arreglar con soluciones parchecuristas. Y también creo que nuestro sistema necesita aire, necesita inyectar más solidaridad, más regionalización y un enfoque prioritario en los más vulnerables, y tal vez si el espíritu de nuestra Constitución hubiese tenido más elementos en esa línea no estaríamos donde estamos… pero ¿será necesario eliminar todo para conseguir esos cambios? ¿tenemos certeza de que esos cambios van a quedar en la nueva Constitución? Una deliberación prudente requiere salir de las ideologías y mirar más allá de la económico, pero también considerar los riesgos de los elementos culturales y sociales que podemos perder.

«Matrimonio y Estado de Chile» por Álvaro Ferrer

El miércoles 24 de septiembre José Miguel Vivanco publicó en El Mercurio una columna donde llamaba al Estado de Chile a legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aunque nuestro Director Ejecutivo envió una carta de respuesta a este mismo medio, este medio decidió no extender la polémica. Por nuestra parte, la dejamos disponible a continuación e invitamos a leerla.

Señor Director,

En columna publicada ayer, el señor José Miguel Vivanco aboga por el reconocimiento del mal llamado matrimonio igualitario. Sus razones se reducen a criticar una sentencia del Tribunal Constitucional, citando al efecto cierta jurisprudencia y experiencia internacional como signos inequívocos del progreso y rumbo indefectible de la historia. Es decir, sus argumentos se reducen seleccionar leyes y sentencias ad hoc que, de modo autoritativo, respaldan su opinión. Obviamente que la opinión contraria puede hacer otro tanto –como lo hizo la sentencia del TC que tanto le disgusta–, y así el debate racional se reduce a una competencia de erudición acomodaticia.

Conviene tener presente, además, que el argumento desde la autoridad es el más débil de los argumentos, porque citar lo que alguien dijo o hizo no demuestra directamente lo que las cosas son. Salvo, claro está, que se use para fundamentar una doctrina sagrada. Y tal parece ser este caso, aunque con ciertos tintes totalitarios: el progresismo se afirma a sí mismo como doctrina irrefutable y vinculante, quien discrepa de semejante ortodoxia es un fóbico hereje.

Bueno sería dejar de lado esta pseudo religión y sentarnos a discutir seriamente sobre lo que las cosas son, el porqué de ciertas instituciones; en particular, qué es el matrimonio y para qué existe. Sin abordar esta cuestión sustantiva, la afirmación sobre una supuesta “deuda” con las parejas del mismo sexo no es más que una petición de principio, un salto de fe.

Alvaro Ferrer Del Valle

Director Ejecutivo Comunidad y Justicia

Acerca de los orígenes históricos del Estado de Derecho

Lo que hoy reconocemos como Estado de Derecho bien puede encontrar su génesis histórica en la España Cristiana del Medioevo y concretamente, en las reformas realizadas durante el reinado de Alfonso IX. A continuación les dejamos un extracto del artículo «el más antiguo Estado de derecho en Europa y en América», del historiador Bernardino Bravo que profundiza en el legado de este gran gobernante.

Primer estado de Derecho en Europa

Dos grandes factores contribuyen al florecimiento de la protección a las personas en la península ibérica durante la reconquista, por una parte la diversidad de tierras, gentes y derechos y por otra, el utrumque ius, cultivado en las universidades europeas. el estado de derecho es fruto de esta feliz convergencia entre dos vertientes, una práctica y otra científica. La gravitación de ambas es cada vez más notoria desde el siglo xi. Al respecto, dos fechas son sugerentes. En 1085, Alfonso VI, de Castilla y León, tomó Toledo, la antigua capital visigótica, lo que marcó un hito en la reconquista peninsular y, c. 1088, se inició en Bolonia el cultivo del utrumque ius, romano y canónico, que desde allí se extendió por todo el continente, hasta convertirse en un ius commune europeo, superpuesto a la variedad de derechos propios, vigentes a lo largo y a lo ancho del continente.

Tras la reconquista de Toledo, Alfonso VI se proclamó emperador de las dos religiones, esto es, cristiana y musulmana y confirmó la vigencia en Toledo de cinco fueros diferentes para otros tantos núcleos de población.

Sobre estos presupuestos, se refuerzan ciertas formas de protección a las personas, como las contempladas en los decretos de las llamadas Cortes de León (c. 1188), conocidos bajo el nombre de Charta Magna Leonesa. El rey Alfonso IX jura que no procederá contra nadie por simple denuncia, sino después de probados en su tribunal los cargos que se aducen contra él. antes de lo cual no le hará malum vel damnun, vel in persona vel in rebus suis. la exigencia del juicio previo cubre pues, tanto la persona como la hacienda del inculpado.

A ello se añaden algunas medidas prácticas. por una parte se prohíben varios modos de hacerse justicia por sí mismo y se obliga a ocurrir a los jueces reales, eclesiásticos o señoriales. por otra parte, se sanciona como delito al que «ad domum alicuius per vim vadat vel damnun aliquod in ea vel hereditate eius faciat». es decir, se pena al que entra con violencia en casa ajena, causa daño en ella o en la heredad de otro.

Junto a estas formas de protección a las personas aparece en el decreto de Alfonso IX otro elemento: un antecedente de lo que podemos llamar derechos políticos de los estamentos que componen el reino. El rey promete: quod non faciam bellum vel pacem vel placitum nisi cum consilio episcoporum, nobilium et bonorum hominum per quorum consilio debeo regi. O sea, el rey admite que debe reinar con consejo de los obispos, nobles y hombres buenos y, por eso, se obliga a no hacer la guerra ni la paz ni la tregua sin su dictamen.

Poco posterior parece ser la manifestación, surgida en Aragón como medio concreto de hacer efectiva la seguridad de la persona. al efecto, el justicia mayor exige, en caso de prisión, que el afectado le sea presentado o manifiesto.

Esta es una época de extrema diferenciación jurídica. los estamentos eclesiástico y nobiliario terminan por tener un fuero propio, esto es, un derecho y, a menudo también, tribunales privativos. Asimismo, musulmanes y judíos tienen derecho y jueces propios. En una palabra, nos encontramos con una garantía casi desaparecida, la del fuero personal: nadie es juzgado por un derecho que no es el suyo, ni por un juez impuesto de fuera.

Lo mismo se aplica a aquellas villas y lugares, cuyos habitantes gozan de privilegios o garantías, a menudo documentadas en fueros locales. Estos son, una de las más ricas fuentes de información en materia de protección de las personas. Valen para toda la población de una localidad, es decir, se aplican a todos sin distinciones de tipo estamental. Su contenido es eminentemente casuista, de suerte que nos encontramos con gran profusión de medidas protectoras. Pero estos textos, en su redacción original o en otras similares, se difunden entre múltiples localidades. Así, a la postre, la gama de formas de protección a la persona y a sus bienes es bastante uniforme. Se protege la vida de cada uno, su libertad de movimiento y de residencia, su casa, su integridad corporal, sus propiedades y demás.

Bernardino Bravo Lira. «El más antiguo Estado de derecho en Europa y en América (siglos XI al XXI): parangón entre el si recte facias hispánico, el rule of law inglés y el règne de la loi ilustrado» Anuario de historia del derecho español, Nº 80, 2010, págs. 415-546.

«Aborto en tres causales: una ley injusta» por Álvaro Ferrer

Los invitamos a leer esta columna publicada este miércoles 23 de septiembre por la sección «voces» de La Tercera PM. En ella, nuestro Director Ejecutivo, Álvaro Ferrer, nos invita a no olvidar que se trata de una ley esencialmente injusta y por lo tanto, que no debemos ahorrar esfuerzos en combatirla.

El 23 de septiembre de 2017 fue publicada en el Diario Oficial la “Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo”, eufemismo a la chilena usado para no llamar a las cosas por su nombre. Hace 3 años está vigente en Chile una “ley” que autoriza el aborto provocado, esto es, la realización de aquel acto que de manera inequívoca y directa intenta y produce la muerte del que está por nacer. Ese día fue derogado el principio basal de todo el orden jurídico. Desde entonces, y por primera vez en nuestra historia, se autoriza y justifica el atentado directo contra la vida de la persona inocente e indefensa aún no nacida como medio para resolver un conflicto. La fecha constituye un hito en el derrotero que condiciona el reconocimiento de la dignidad humana a diversas circunstancias.

Podrán analizarse los números de su aplicación hasta la fecha y, conforme a ello, adoptar una serie de medidas. Ahora quiero reflexionar sobre algo diferente.

Fuimos testigos de una fuerte y organizada oposición a la aprobación de esta ley. Desde la sociedad civil, la academia, parte del mundo político y la Iglesia, hubo una sola voz en defensa de la vida inocente. “No los dejaremos solos”, se repetía con fuerza, y se anunciaba el inicio de una férrea resistencia legítima. Con la perspectiva de estos 3 años es necesario y honesto reconocer que la derrota fue profunda. Nunca más se vió ni escuchó a los líderes “pro vida”. El “sector” sucumbió desmoralizado y hoy, sea por temor, olvido, indiferencia, ignorancia o desánimo (u otra), la mayoría de los actores y sus proyectos -salvo honrosas excepciones- se diluyó en el cambio de urgencias y prioridades. No juzgo personas, sólo constato un hecho.

Pero el principal y porfiado hecho es que en Chile mueren niños por el aborto provocado. Muchos, pocos, no importa. Y la convivencia con semejante estructura injusta no puede ni debe aceptarse. Nunca. La ley de aborto debe ser derogada. Cuándo… dependerá de la honestidad y seriedad del compromiso personal. Pero la inacción no puede transformarse en costumbre ni la indiferencia en la regla. El mal avanza, se instala y echa raíces cuando el bien retrocede. Y este retroceso -no lo olvidemos- tiene rostro: el de cada niño muerto y el de su madre abandona en su vulnerabilidad. Así es: la “ley” injusta se encarna en el dolor y sufrimiento de personas, no de estadísticas. Esta realidad no cambia ni cambiará gracias a la estética vociferante e impúdica de coloridos pañuelos, sino por la belleza de una genuina cultura de la vida que debemos recuperar, fortalecer y promover.

«la convivencia con semejante estructura injusta no puede ni debe aceptarse. Nunca. La ley de aborto debe ser derogada. Cuándo… dependerá de la honestidad y seriedad del compromiso personal.»

Nos aproximamos a decidir sobre cuál y cómo debe ser la norma fundamental que rija la vida en común. Que el recuerdo ignominioso del tercer aniversario de la legalización del aborto provocado nos sirva para reparar seriamente en el precedente y las consecuencias de validar el recurso a la violencia como medio para resolver los conflictos, y reanime y vivifique la necesaria defensa y promoción comprometida de aquellos bienes no negociables para el Bien Común, partiendo por la dignidad intrínseca de la persona y su derecho a la vida desde la concepción y hasta la muerte natural.

«Despenalización del aborto» por Macarena Bustamante

A continuación les dejamos una Carta al Director de nuestra asesora judicial, Macarena Bustamante, publicada por El Líbero este miércoles 23 de septiembre. En ella, Macarena nos ayuda a dimensionar lo que ha significado el aborto hasta ahora y sugiere algunos lineamientos a futuro para encarar esta ley.

Señor Director:

En medio de la contingencia sanitaria, política y social que se vive en el país, casi pasa desapercibido el hecho de que un día como hoy, hace 3 años, entró en vigor la ley que despenalizó el aborto o “interrupción voluntaria del embarazo” en tres causales. Según los datos proporcionados por el MINSAL, en dicho período se han llevado a cabo más de 1.500 abortos tanto en instituciones públicas como privadas. Sólo entre enero y junio de este año, por cada 100 muertes que dejó el Covid-19, 4 niños fueron asesinados antes de nacer (considerando, además, que las solicitudes de aborto han disminuido a consecuencia de la alta demanda a la que está siendo sometido el sistema de salud).

«no importa cuántos años pueda estar vigente, una ley de dicha naturaleza siempre será injusta por el sólo hecho de permitir que arbitrariamente se ponga fin a la vida de seres humanos indefensos e inocentes.»

Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho creer a muchos que lucha en la defensa de la vida desde la concepción sería una batalla “pasada” o ya perdida. No obstante, no importa cuántos años pueda estar vigente, una ley de dicha naturaleza siempre será injusta por el sólo hecho de permitir que arbitrariamente se ponga fin a la vida de seres humanos indefensos e inocentes.
A nuestro juicio, es necesario enfocarse en tres aristas para el futuro. La primera, en la derogación de la ley de aborto actualmente vigente. La segunda, impedir la aprobación del proyecto de ley actualmente en trámite en el Senado, que busca legalizar el aborto libre, constituyéndolo como un “derecho humano”. Y la tercera, pero no por eso menos importante, trabajar para un lograr un adecuado acompañamiento a la mujer que pasa por un embarazo vulnerable, otorgándole un trato digno tanto a ella como al hijo que lleva en su vientre en cada una de las “causales” que señala la ley.

Esta cuestión no nos puede dejar indiferentes. Qué triste sería que dejáramos pasar los años permitiendo la muerte de personas por el simple hecho de que sus vidas se consideraron menos valiosas… ¿No es eso lo propio de los regímenes totalitarios?

Macarena Bustamante Sinn

Abogado litigante Comunidad y Justicia

«Declaración pública sobre el veto al proyecto que crea el Servicio Nacional de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia» por 9 organizaciones

Les dejamos a continuación una declaración pública, firmada por nuestra institución, respecto al veto presidencial al proyecto de ley que crea el nuevo Servicio de Niñez y Adolescencia. Lo invitamos a leerla. Puedes ver la declaración en PDF aquí.

En relación con la discusión legislativa en torno al proyecto de ley que crea un Servicio Nacional de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia y sobre las observaciones (veto) formuladas al mismo por el Presidente de la República, declaramos lo siguiente:

1. El Proyecto de ley que crea el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia tiene como finalidad dar respuesta a la deuda histórica que tiene el Estado de Chile con los niños, niñas y adolescentes, lo cual ha sido constatado por numerosos informes, tragedias y denuncias que evidencian graves y profundas vulneraciones a sus derechos. A través de este proyecto de ley se pretende que el SENAME sea remplazado por la creación del Servicio Nacional de Protección Especializada y del Servicio Nacional de Reinserción Juvenil. Es decir, el SENAME se dividirá en dos servicios distintos con la finalidad de otorgar una protección especializada a los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en una situación de vulnerabilidad o que se encuentran en conflicto con la ley penal. Lograr cambiar la institucionalidad actual en favor de los niños, niñas y adolescentes permitirá avanzar hacia una mayor especialización en la materia y permitirá brindar una protección más efectiva a aquellos que han sido gravemente vulnerados en sus derechos. Esta tarea es urgente y necesaria.

2. El proyecto de ley de Garantías de la Niñez, por el contrario, no es urgente. Este se encuentra en segundo trámite constitucional y no cuenta con apoyo transversal de los diversos sectores políticos por su alto contenido ideológico. Más aún, genera enormes polémicas, que son precisamente las que han atrasado su tramitación. Algunas materias en que existe una evidente falta de consenso son, por ejemplo, el presunto derecho que tendrían los niños para asistir a manifestaciones o pertenecer a ciertas asociaciones sin el consentimiento o la autorización de sus padres, punto que ha sido largamente discutido en los medios de opinión nacionales. No obstante, este punto está lejos de ser el único controversial pues, además, el proyecto incorpora expresamente derechos como la educación sexual “de carácter laico y no sexista”, la autonomía progresiva (la cual también ha sido objeto de muchos cuestionamientos, al menos por razones de interpretación o aplicación), la visión del Estado como garante de los derechos de los niños frente a sus padres (lo que ha sido defendido por ciertos honorables congresistas con palabras como “los niños son antes ciudadanos del Estado que hijos de sus padres”). En todo este panorama, aun para quienes comparten estas posturas, es innegable que el proyecto es controversial. Algunas de estas materias se incorporaron de manera más suavizada en el proyecto de Protección Especializada.

3. La indicación presentada durante la tramitación del proyecto de Protección Especializada, mediante la cual se sujeta la vigencia de éste a la publicación del proyecto de garantías (conocido como “el amarre”) constituye un obstáculo puesto a un proyecto de ley urgente, para aprobar por fines partidistas o ideológicos un proyecto nada urgente y claramente polémico.

4. El veto formulado por el Presidente de la República pretende eliminar los puntos del proyecto que, además de no suscitar suficiente respaldo ciudadano, atentan contra los derechos de los niños y el mismo derecho preferente y deber de los padres de educar a sus hijos. Además, pretende evitar el innecesario retraso del urgente proyecto de Protección Especializada.

5. Durante la tramitación del veto en la Cámara de Diputados, el veto formulado al artículo undécimo transitorio que pretende suprimir la norma que amarra al proyecto de ley de Protección Especializada con el proyecto de ley de Garantías de la Niñez, fue declarado admisible por la mayoría de los miembros de la Cámara y luego rechazado en su votación en Sala, sin que se alcanzara el quórum para su insistencia. Así, esta norma, que tanto repudio había generado, terminó siendo eliminada del proyecto de ley de Protección Especializada. Sin embargo, el 8 de septiembre, la Presidente de la Comisión de Infancia en el Senado declaró inadmisible el veto que pretende poner fin a dicho amarre, obstaculizando así la entrada en vigor del Servicio de Protección Especializada y la desaparición del SENAME.

6. Nos parece gravísimo que haya parlamentarios de la oposición y organizaciones que abusen de su posición para defender posturas ideológicas, poniendo en último lugar a los niños y niñas más vulnerables de Chile. Si ellos fuesen el foco de nuestras preocupaciones, nunca se habría presentado la indicación que sometía la vigencia del proyecto de Protección Especializada al de Garantías de la Niñez. Ambos proyectos son independientes y de hecho se tramitaron por separado. Su unión solamente fue una forma de chantaje para obligar a aprobarlo a quienes se oponen a su contenido ideológico.

Es por ello que llamamos a los parlamentarios de todos los sectores políticos a dejar de lado sus diferencias ideológicas y pensar primero en los niños y niñas de Chile, aprobando íntegramente el veto presentado por el Presidente de la República, para no postergar más la entrada en vigencia del Servicio Nacional de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia y saldar así la deuda histórica que el Estado de Chile tiene para con la infancia.

Fundación Somos Padres

Padres Objetores

CONFEPA

Con mis hijos no te metas

ProFamilia Chile

ConFamilia

Familia, Fe y Vida

Movimiento por la Familia

Comunidad y Justicia

«Reforma al SENAME» por Daniela Constantino

Los invitamos a leer la siguiente carta al director publicada este viernes 11 de septiembre por La Tercera. En ella, nuestra asesora legislativa, Daniela Constantino, protesta contra lo injusto que es el amarre entre los proyectos de ley de garantías de la niñez y de reforma al actual SENAME.

SEÑOR DIRECTOR

El 8 de septiembre, la Comisión de Infancia en el Senado comenzó a discutir el veto formulado por el Presidente de la República al proyecto de ley que crea el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez. En dicha sesión, la presidente de la Comisión declaró inadmisibles determinadas partes del veto.

Sobre esto último, llama mucho la atención que la presidente de la Comisión decidiera declarar inadmisible la parte del veto que pone fin al “amarre” (que tanto repudio ha causado) de este proyecto de ley con el proyecto de ley de Garantías de la Niñez, lo cual, además, ya había sido declarado admisible por la Cámara de Diputados, se había rechazado y no se había obtenido el quórum para insistir, por lo que el “amarre” por fin había terminado.

«¿Hasta cuándo la oposición va a seguir priorizando agednas por sobre las necesidades reales y urgentes de los niños, niñas y adolescentes más vulnerables de Chile? ¿Es necesario otro escándalo de vulneración de derechos para poner fin a este retraso? La reforma estructural al SENAME no puede esperar más.»

A pesar de ello, pareciera que para algunos sectores políticos, todos van primero menos los niños, niñas y adolescentes más vulnerables de Chile. No nos saquemos la suerte entre gitanos; los niños hoy están siendo utilizados como moneda de cambio para avanzar en una agenda ideológica que perjudica a la familia y solo beneficia a una élite.

¿Hasta cuándo la oposición va a seguir priorizando agendas por sobre las necesidades reales y urgentes de los niños, niñas y adolescentes más vulnerables de Chile? ¿Es necesario otro escándalo de vulneración de derechos para poner fin a este retraso? La reforma estructural al Sename no puede esperar más.

Daniela Constantino

Asesora legislativa de Comunidad y Justicia

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