Rosario Corvalán participa en el programa Informe Provida de EWTN
En la entrevista con el canal católico, nuestra abogada constitucional conversó sobre varios temas relacionados a la defensa de la vida en nuestro país.
Nuestra abogada del Área Constitucional, Rosario Corvalán, participó en una entrevista en el programa Informe Provida del canal católico EWTN donde explicó el trabajo de nuestra corporación, los peligros que enfrenta el derecho a la vida en el proceso de redacción de la nueva Constitución y los desafíos en la defensa del no nacido en Chile.
Roberto Astaburuaga: “Candados y cerrojos”
Esta semana en la columna Constituyente del diario El Líbero, uno de nuestros abogados del Área Constitucional, explica cinco candados críticos sobre la implementación de la Constitución que deberán resolver la Comisión de Normas Transitorias y el Pleno en las próximas semanas.
A menos de 6 semanas de terminar su trabajo, las comisiones de Armonización y Normas Transitorias se están encargando de eliminar las últimas esperanzas de que la Convención se modere, o mejor dicho, confirma el temor de que esta perfecta retroexcavadora no tiene intención de detenerse ni disminuir su velocidad.
La equivocidad o ambigüedad que tenían algunas normas permanentes desaparece en las normas y discusión sobre el tránsito y adecuación del borrador. No podía ser de otra manera. El programa político constitucionalizado del Frente Amplio y el Partido Comunista debe aplicarse lo más rápido posible. Esta veloz implementación debe ir acompañada de cláusulas pétreas que dificulten de la mayor forma posible toda modificación a la Constitución.
En este sentido, es posible detectar cinco candados críticos en relación con estos dos objetivos. La rápida implementación requiere de la presentación o dictación de más de 50 leyes, que crean y reorganizan más de una docena de órganos del Estado y ordenan al Congreso tramitar siete proyectos de ley sobre sistemas relacionados con los derechos sociales
Un primer grupo de candados se relaciona con la implementación de la Constitución. Dentro de ellos, el primer elemento preocupante es la instalación de una Comisión de Implementación: es peligroso, porque tener un órgano compuesto solo por personas nombradas por el Poder Ejecutivo (al menos hasta el momento) no da garantías de una interpretación democrática al excluir a otros poderes del Estado. En última instancia, proponer que un organismo dependiente del Presidente sea el que interprete la aplicación de la Constitución significa borrar con el codo lo escrito sobre un presidencialismo atenuado, como se ha definido en las normas permanentes. Por último, si se llega aprobar esta norma transitoria, debe reformularse en aquello relativo a su integración, funciones, atribuciones, independencia y duración.
Un segundo candado se trata de la aplicación inmediata únicamente de las normas sobre el quórum del Poder Legislativo, pues en el resto su entrada en vigor comienza en 2026, y sobre esto no se ha entregado un argumento suficiente que explique esta distinción. Esto provoca que las leyes referidas a los derechos fundamentales, específicamente a garantizar los derechos sociales, sean más fáciles de aprobar, pero pueden no dar cuenta de un verdadero consenso legislativo.
El tercer candado va unido al anterior, y se refiere a la presión que se le genera al Poder Legislativo con la aparición de los Decretos con Fuerza de Ley Adecuatorios, propuestos por la Segpres y el Contralor General de la República. Si el Congreso no aprueba una ley en un determinado plazo, el Poder Ejecutivo podrá regular dichas materias vía decretos. Se trata de una usurpación de facultades, que nuevamente le entrega más poder al Presidente y genera el incentivo de bloquear la tramitación de proyectos de ley, para que la norma sea regulada a gusto de quienes ocupan los sillones de La Moneda.
Conoce los últimos detalles sobre la discusión constitucional en el análisis de Roberto Astaburuaga
A menos de dos meses de que finalice el proceso de redacción para una eventual nueva Carta Magna, compartimos con un ustedes una recopilación de las últimas columnas, entrevistas y conversatorios de Roberto Astaburuaga, abogado del Área Constitucional de Comunidad y Justicia, para conocer qué se incluyó en el borrador constitucional en materias de aborto, eutanasia, libertad religiosa, identidad de género, derecho preferente de los padres de educar a sus hijos y libertad de enseñanza.
Entrevistas en Punto de Encuentro de la diócesis de San Bernardo
En esta entrevista, nuestro abogado aborda ¿Qué pasó con el «derecho preferente de los padres a elegir la educación de sus hijos? ¿Qué es la autonomía progresiva y de qué se trata la «educación sexual integral»?
En este entrevista, nuestro abogado aborda una serie de temas problemáticos para los católicos presentes en la propuesta de nueva constitución: el aborto sin límites, la eutanasia disfrazada como «muerte digna» y el rechazo a la objeción de conciencia.
Conversatorios en la Radio Corporación
Entrevista a Roberto Astaburuaga transmitido el 19 de mayo
Conversatorio transmitido el 12 de mayo
Conversatorio transmitido el 05 de mayo
Conversatorio transmitido el 28 de abril
Conversatorio de Dignidad y Derecho sobre la agenda del aborto en Latinoamérica
Este conversatorio es un análisis sobre la situación del aborto en las legislaciones de Chile, Argentina y Ecuador.
Columnas Constituyentes en el Diario El Líbero
“Candados y cerrojos”, publicada el 27 de mayo.
“Seréis como dioses”. publicada el 20 de mayo.
“Las reglas del juego”. publicada el 12 de mayo.
“Una Constitución sin libertad de enseñanza”. publicada el 07 de mayo.
“Normas transitorias”, publicada el 28 de abril.
La No Constitución (I), publicada el 14 de abril.
La No Constitución (II): Los caprichos fundamentales, publicada el 22 de abril.
Bien educado, publicada el 5 de abril.
Entrevista en El Líbero
LÍBERO CONSTITUYENTE Las diez «trampas» con las que la Convención burló sus propias reglas
Citas de columnas en reportaje del diario El Libero sobre normas transitorias
Cinco temores que acechan las últimas semanas de la Convención
Buscamos nuevo integrante para el Área de Investigación
Perfil
Integrante del Área de Investigación
- Requisitos:
1) Titulado o licenciado en Sociología, psicología, filosofía u otra carrera universitaria relacionada con las humanidades o las ciencias sociales.
2) Compartir lo esencial de los principios de nuestra Corporación.
3) Tener disponibilidad de jornada completa.
4) Promedio de notas igual o superior a 5,5 o equivalente (80%). (requisito no excluyente).
5) Tener algo de experiencia en investigación académica (congresos, ponencias, publicaciones, ayudantías de investigación o Fondecyt, etc.). (requisito no excluyente).
- Interés en el mundo público.
- Habilidades interpersonales y trabajo en equipo.
- Enviar currículum, concentración de Notas, Certificado de ranking y carta de motivación.
Vicente Hargous: “La contienda es desigual”
Hoy en el Día de las Glorias Navales, nuestro abogado del Área de Investigación nos invita a reflexionar sobre la figura de Arturo Prat y sus virtudes, que le permitieron dar la vida por Chile y que son ejemplo vivo para nosotros en estos días.
Los revoltosos años juveniles de nuestra República no vieron sino muy parcialmente consolidada su unidad Patria. Unidad para la cual son siempre insuficientes las constituciones ―leyes que ordenan el Estado, unidas a discursos panfletarios redactados por y para las élites―, que no articulan la conciencia de compartir un mismo destino. Esa conciencia la trajeron nuestros más grandes héroes, que no fueron Portales ni Bello ―aunque a ellos les debemos mucho, sin duda―, sino los fieros combatientes de la Guerra del Pacífico, especialmente Arturo Prat, probablemente la figura más noble de nuestra historia.
Los chilenos participamos muy intensamente de ese carácter que tan magistralmente relatara Jaime Eyzaguirre en su Hispanoamérica del dolor: recordamos y celebramos la derrota en un combate, y no el triunfo de la guerra. Valoramos más la fortaleza de la lucha que el pragmático resultado, pues una victoria terrena alcanzada injusta o cobardemente no pasaría de ser una muestra mezquina de ceguera secularizada, de falta de honor, de debilidad en la única guerra que vale la pena, que es la que luchamos frente a Dios. Celebramos, en definitiva, el sacrificio de Prat por nuestro Chile, no solamente porque incentivó que muchos chilenos decidieran seguir su ejemplo y tomarse en serio la defensa de la Patria, sino sobre todo por su ejemplo heroico y desinteresado.
Prat, sin embargo, fue un héroe no solamente por un instante, sino como fruto de una vida en que cultivó su propio carácter. Se cuenta que en su niñez era débil y enfermizo, pero ya desde pequeño se le inculcó un espíritu de superación que lo hizo sobreponerse a su condición ―como antecedente del “nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo”―, lo que le permitió entrar con apenas 10 años a la Escuela Naval. Su empeño lo llevó a estudiar Derecho, profesión que usaría para servir con lealtad a sus amigos acusados injustamente, aunque eso le podría haber significado el menosprecio de sus superiores. Ese afán de pensar en los demás excedía también su círculo privado, pues ayudaba en su escaso tiempo libre haciendo clases a niños vulnerables de Valparaíso. Además era “profundamente religioso”, como señala Gonzalo Vial: un hombre de un profundo “amor a Dios Padre” y de una “completa confianza en su Providencia”. Igualmente destaca el casto amor con que vivió su matrimonio con Carmela Carvajal y el modo en que se desvivía para colaborar en las labores domésticas, en la medida de sus posibilidades. Fortaleza, castidad, lealtad, solidaridad, fe… Sin todos esos años en que se forjó el hombre que fue Prat no habríamos tenido al héroe que todos conocemos. Y sin ese mártir probablemente el curso de la guerra habría sido otro, y nuestro Chile no sería el mismo. Prat nos dio conciencia de ser un país de hermanos, de caminar unidos hacia un mismo destino, y entregó un ejemplo vivo de las virtudes necesarias para dicho caminar.Vale la pena seguir recordando a Prat, en estos días en que vemos izarse tantas banderas que no son la nuestra, en que muchos no están dispuestos a dar la vida por esa Patria común, en que hay quienes redactan un nuevo panfleto constitucional con el que pretenden robarnos esa unidad maravillosa para cambiarla por un abstracto “Estado plurinacional e intercultural”, potencialmente divisible hasta el infinito. Donde falta unidad y paz, se fomenta la división y la conflictividad social. Donde falta virtud y fe se promueve el vicio y la secularización. Ciertamente, la contienda es desigual, ¡pero ánimo y valor! ¡Porque tampoco en esta hora se arriará nuestra bandera ante el enemigo!
Roberto Astaburuaga: “Seréis como dioses”
Esta semana en la columna Constituyente del diario El Líbero, uno de nuestros abogados del Área Constitucional, analiza la “autonomía ilimitada” del contenido de los 499 artículos del nuevo borrador Constitucional.
Luego de la última votación por el Pleno de la Convención el sábado pasado, la ciudadanía comenzará por fin a entender el trabajo hecho contenido en 499 artículos y tomar posición. Críticos y detractores han comenzado a enviar análisis, aunque no está todo dicho. En efecto, falta ordenar, armonizar y aprobar un preámbulo y las normas transitorias. El segundo borrador puede ser bastante diferente al primero en la última oportunidad que algunos creen que tiene la Convención para moderarse o simplemente tratarse de una confirmación de nuevas oraciones compuestas por un sustantivo y líneas interminables de adjetivos.
Sin embargo, la cantidad de artículos, palabras o derechos no dice mucho de la calidad de una Constitución. La regulación y distribución del poder, la conformación territorial y administrativa del Estado y la regulación de los derechos sociales dicen mucho más. Pero lo gravitante y realmente decisivo es el endiosamiento del hombre.
Es una Constitución que sustituye a Dios por el hombre. Se trata de esa autonomía omnipotente e ilimitada, amparada por el derecho y protegida por el Estado, pero que no es nueva. Consiste en la más pura manifestación del individualismo y liberalismo radical en el que estamos sumidos en nuestra época. Porque quiero, se me debe. No importa si es contradictorio con el derecho, la moral o el bien de la sociedad. Toda pretensión será elevada a rango de derecho fundamental. No hay límites, salvo atentar contra la naturaleza o la Pachamama.
Los artículos sobre derecho a la identidad, autonomía y libre desarrollo de la personalidad son el ejemplo paradigmático de este endiosamiento del hombre. La autonomía personal se convierte en la justificación -no razón- de toda elección o pretensión: aborto porque quiero (“derecho a decidir de forma libre, autónoma e informada sobre el propio cuerpo”); solicito la eutanasia porque quiero (derecho a “tomar decisiones libres e informadas sobre sus cuidados y tratamientos al final de su vida”); me identifico como mujer, como persona no binaria o como animal, porque quiero (“derecho a su autonomía personal, al libre desarrollo de la personalidad, identidad y de sus proyectos de vida”).
Lo paradójico es que también se reconoce la autonomía progresiva a los menores de edad (“participar e influir en todos los asuntos que les afecten en el grado que corresponda a su nivel de desarrollo en la vida familiar, comunitaria y social”), pero esa progresividad, entendida como la constante eliminación de límites, desaparece y queda sólo la autonomía ilimitada. Así, la Constitución de la Convención, durante el transcurso de la vida de las personas, comienza reconociendo este principio desde la infancia y alcanza su máximo esplendor cumplidos los 18 años.
Daniela Constantino: “Agendas identitarias”
Hoy en el Diario El Líbero, nuestra abogada del Área Legislativa explica por qué el proyecto “José Matías”, que pretende prevenir y sancionar el acoso escolar a niños y adolescentes con disforia de género, no presenta soluciones al problema del acoso y culturalmente constituye una política transafirmativa que no hace ningún bien a los niños.
Señor director:
El martes 17 de mayo se aprobó en general, en la Comisión de Educación, el proyecto de ley mejor conocido como “José Matías”. Este proyecto surgió con el objetivo de prevenir y sancionar el acoso y el bullying escolar, pero enfocado particularmente a niños y adolescentes transgénero.
Sobre esto, parece importante señalar que existen diversos estudios científicos y experiencia comparada que demuestra que las “terapias transafirmativas” no son recomendadas en niños y adolescentes por los efectos nocivos que estas generan en la salud. Por ejemplo, Suecia, que fue pionera en legislar sobre transexualidad, hoy, después de constatar los efectos nocivos que generan las “terapias transafirmativas” en niños y adolescentes que se autoperciben como transgénero, ha decidido prohibir el uso de bloqueadores hormonales en menores de edad. Otros países como Finlandia y Reino Unido se han sumado al ejemplo de Suecia y han decidido priorizar las terapias psicológicas por sobre las “terapias transafirmaitvas”.
Por otra parte, hay estudios que afirman que, si se deja que los niños se expresen libremente y no se les encarrila hacia la transición médica, entre un 60% y un 90% desistirán de la idea de “transicionar”, al desaparecer por sí misma la sensación de disforia. Asimismo, 85% de los menores de edad con disforia en la pubertad, con buen acompañamiento psicológico, abandonan la disforia desde los 18 años; únicamente entre un 2% y 39% de los niños que muestran tendencias de disforia de género las mantiene en el tiempo.
Si bien el bullying y el acoso escolar son conductas reprochables que deben ser prevenidas y sancionadas -cuestión que ya contempla nuestra legislación- este proyecto de ley no viene a presentar una verdadera solución a ese problema, si no que, más bien, pretende implementar una política ‘transafirmativa’ más, dentro de las diversas agendas ideológico-identitarias que hoy día circulan en el Congreso Nacional.
Daniela Constantino Llaven, Abogada ONG Comunidad y Justicia
Rerum Novarum: cosas que siguen siendo nuevas
A 131 años de la revolucionaria encíclica de León XIII, Rerum novarum ―”De las cosas nuevas”― Vicente Hargous, abogado del Área de investigación de Comunidad y Justicia, nos invita a reflexionar por qué su mensaje se mantiene vigente.
Hace 131 años fue publicada la revolucionaria encíclica de León XIII, Rerum novarum ―”De las cosas nuevas”―, con la que comenzó el empeño del Magisterio de la Iglesia por consolidar un cuerpo de doctrina que pueda responder de manera robusta a los cambios planteados por el surgimiento de las sociedades capitalistas. Contra lo que a primera vista podría pensarse, la voz de un Papa de hace más de un siglo mantiene plena vigencia. Y es que nuestra fe nos enseña que el Magisterio de la Iglesia está iluminado por el Espíritu Santo, y no en vano el Papa es llamado con veneración filial “el vicecristo en la tierra”: “Y dijo el que se sentaba en el trono: «he aquí que Yo hago nuevas todas las cosas»” (Apoc. 21, 5).
Vivimos en un mundo frenético, cambiante, acelerado, dominado por la novedad. Y sin embargo, lo único realmente nuevo sigue siendo la Buena Nueva que nos trajo un carpintero de hace 2000 años: “el mensaje del Evangelio y de la imagen cristiana de Dios corrigen la Filosofía y nos hacen ver que el amor es superior al puro pensar. El pensar absoluto es un amor, no una idea insensible, sino creadora, porque es amor” (Ratzinger, Introducción al cristianismo).
Por supuesto, ha corrido mucha agua debajo del puente desde 1891. El capitalismo industrial de esos años ―marcado por esa miseria a lo Dickens― ha sido reemplazado por un capitalismo financiero marcado en lo moral por el individualismo, en lo social por ser una sociedad líquida y en lo religioso por ser cada vez más relativista. Pero el aspecto central tratado en la encíclica Rerum novarum se ha mantenido intacto: la separación económica entre capital y trabajo, con todas sus consecuencias sociales y morales. Y la crítica a esa separación sigue plenamente vigente.
No faltan católicos que creen que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en la materia cambió; que las tesis de Pío XI en Quadragesimo anno (publicada con ocasión del 40° aniversario de Rerum Novarum) y de León XIII quedaron sepultadas con la publicación de Centesimus annus de san Juan Pablo II, que habría legitimado el capitalismo. Se quedan solamente con un párrafo de esta encíclica y omiten todo el resto del Magisterio social, que debería leerse como un todo orgánico. En efecto, San Juan Pablo II introdujo una precisión ―para evitar desviaciones marxistas que de hecho se produjeron al interior de la Iglesia―, reconociendo “el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía” (San Juan Pablo II, Centesimus annus, 42), pero sin caer por eso en una defensa ideológica de la esencia del capitalismo ―atacada justamente por León XIII en Rerum Novarum―, que es la separación tajante entre el trabajo y el capital, así como otros elementos que son igualmente nocivos: la búsqueda desenfrenada de riqueza (que no es sino codicia disfrazada), la sobreexplotación de recursos naturales, el desprecio (en el sentido económico y moral de la palabra) de la tarea del trabajador manual, la justificación sistemática de la usura, la sobreproducción y el consumismo de cosas superfluas… Sí, sigue plenamente vigente la DSI, plenamente novedosa: como un cuerpo orgánico y no como un cadáver, pero sigue siendo una y la misma que hace 131 años.
Por supuesto, Centesimus annus forma igualmente parte del Magisterio social, y debe leerse, pero la comprensión de la DSI exige una visión de la totalidad desde la cual se debe leer cada encíclica, para así comprender mejor aún la totalidad del Magisterio social. Desde el todo a la parte y desde la parte al todo, en un círculo de comprensión que no puede prescindir de la tradición iniciada por León XIII.
Álvaro Ferrer: “El triunfo final”
Hoy celebramos con mucha alegría y devoción a nuestra patrona, la Virgen de Fátima, a quien encomendamos nuestra tarea de defender y promover los Derechos Humanos, según la comprensión de la Doctrina Social de la Iglesia.
Este 13 de mayo se cumplen 105 años de la primera aparición de la Virgen en Fátima. En su visita allí el año 2000, San Juan Pablo II afirmó: “Me estoy dirigiendo yo también hacia ese lugar bendito para escuchar una vez más, en nombre de la Iglesia entera, la orden que nos dio nuestra Madre, preocupada por sus hijos. Hoy, estas órdenes son más importantes que nunca (…) (el mensaje) es más actual que entonces y más urgente incluso (…), el llamamiento hecho por María, nuestra madre, en Fátima, hace que toda la Iglesia se sienta obligada a responder las peticiones de Nuestra Señora (…), el mensaje impone un compromiso con Ella”. Estas expresiones no son casuales ni fruto de una devoción particular. Volver a Fátima, meditar su Mensaje, es importante. Fátima sigue presente y vigente.
La lectura de los diálogos entre la Virgen y los pastorcitos y de parte de sus visiones, lleva espontáneamente a detenerme y reflexionar en algunas de sus palabras:
En la primera aparición, el domingo 13 de mayo de 1917:
– Dijo María: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?”
– Sí queremos.
(…)
– Después de pasados unos momentos Nuestra Señora agregó: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”.
En la segunda aparición, el miércoles 13 de junio de 1917:
– Dijo Lucía: Quisiera pedirle que nos llevase al cielo.
– “Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré en breve, pero tú te quedarás algún tiempo más. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien le abrazare prometo la salvación y serán queridas sus almas por Dios como flores puestas por mí para adornar su Trono”.
– ¿Me quedo aquí solita? preguntó con dolor Lucía.
– “No hija. ¿Y tú sufres mucho por eso? ¡No te desanimes! Nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios”.
En la tercera aparición, el viernes 13 de julio de 1917:
– “¡Sacrificaos por los pecadores! y decid muchas veces, y especialmente cuando hagáis un sacrificio: ¡Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!”.
– “(…) Vendré a pedir (…) la Comunión reparadora de los Primeros Sábados”.
También, en la tercera aparición (parte de la visión de Sor Lucía conocida como el tercer secreto de Fátima):
Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!
En la cuarta aparición, el domingo 19 de agosto de 1917 [1]:
– La Virgen añadió: “Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno por no tener quien se sacrifique y rece por ellas”. Y la Virgen empezó a subir hacia Oriente, como de costumbre.
Acerca de la tercera aparición, el viernes 13 de julio de 1917, quisiera destacar:
– Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ.
A partir de estos textos quisiera reflexionar sobre cuatro cuestiones que, a mi entender, confirman la vigencia, importancia y urgencia del mensaje de Fátima, aunque haya transcurrido ya más de un siglo: la oración, la penitencia, la Eucaristía y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Por cierto, sobre cada una de ellas ya se ha escrito y dicho muchísimo por personas santas y sabias. No es mi caso y, por eso, a algunas de ellas recurro. Nada de lo que sigue es ni pretende ser original.
1. La oración:
La Virgen María repite insistentemente en sus apariciones que es necesario rezar. Nos propone y pide que recemos el Rosario [2], todos los días. Y nos muestra su eficacia, capaz de alcanzar el fin de una guerra, la paz del mundo, la salvación de las almas. Viene al caso transcribir parte de la entrevista del 26 de diciembre de 1957 sostenida entre el Padre Agostino Fuentes, postulador de la causa de beatificación de Francisco y Jacinta, y sor Lucía, diálogo publicado en 1958 —con la aprobación de las autoridades eclesiásticas— en Estados Unidos, en Fatima Findings, y el 22 de junio de 1959 en el diario portugués A Voz [3]:
Los dos instrumentos que nos han sido dados para salvar al Mundo son la oración y el sacrificio. Verá, Padre, la Santísima Virgen, en este final de los tiempos en el que vivimos, ha querido dar una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario. Ella ha reforzado esa eficacia hasta tal punto que no existe ningún problema, por difícil que sea, de naturaleza temporal o sobre todo espiritual, en la vida personal de cada uno de nosotros, o de nuestras familias, de las familias del mundo, o de las comunidades religiosas, o incluso de la vida de los pueblos y de las naciones, que no pueda ser resuelto mediante la plegaria del Santo Rosario. No hay problema, le digo, ni asunto por difícil que sea, que nosotros no podamos resolver con el rezo del Santo Rosario. Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos Santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas.
No existe fuerza más poderosa que la oración. Todos los males, de este tiempo y cualquier otro, personales y sociales, pueden ser sanados con la oración. Pero no se trata sólo de remediar el mal, sino de crecer en el bien. La oración es la elevación del alma hacia Dios [4], necesaria para el encuentro íntimo y personal con Él. María nos ha invitado rezar no sólo para evitar catástrofes, sino para recuperar y cultivar la vida interior, para priorizarla y protegerla, para darle lugar y espacio diario en nuestra vida, de modo que, poco a poco, podamos reencontrarnos con Dios, real y más íntimamente presente en nosotros que nosotros mismos [5].
2. La penitencia:
Todos sufrimos. El sufrimiento es co-existencial en un mundo imperfecto, herido por el pecado. Hemos sufrido y sufriremos. Cuando el mal se hace presente, hay que sufrir, poniendo a prueba la fortaleza, mediante su acto propio: resistir. Pero resistir el sufrimiento inevitable y sobreviniente, incluso con valiente y paciente resignación, no equivale a resistir el sufrimiento libre y voluntariamente elegido.
Aquí es donde resulta verdaderamente impresionante la inocente, generosa y simple respuesta de los pastorcitos en la primera aparición de la Virgen: “Sí queremos”. Sí queremos sufrir, como reparación y por la conversión de los pecadores. Aceptan la invitación de la Virgen María a sacrificarse voluntariamente por amor. Sufrir por amor: amor a Cristo, continuamente ofendido por el pecado; amor al prójimo, a pesar de su pecado, para evitarle el sufrimiento eterno y obtenerle la conversión y salvación. Hoy, ¿quién está dispuesto a ello? ¿Quién elegiría aquello?
Nadie –o casi nadie– quiere sufrir. Los pastorcitos comprendieron, sin embargo, el valor salvífico y co-redentor del sufrimiento voluntario [6]. Fue por medio de la Cruz, libremente asumida y aceptada, que Cristo realizó la Redención. Es todo el pecado del hombre el que Cristo asume voluntariamente en su sacrificio –cargó con nuestras iniquidades, como dice Isaías–. Cristo sufrió por nosotros y en vez de nosotros. Ese es su ejemplo: voluntariamente sufrir –y hasta la muerte– por culpas ajenas, para evitar el castigo a los culpables y obtenerles, a cambio, la salvación.
Y esto hicieron los pastorcitos de Fátima al decir “Sí queremos”. Nos corresponde hacerlo también a nosotros: todos estamos llamados a participar del sufrimiento mediante el cual se ha llevado a cabo la redención, (…) todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo [7]. Es lo que nos pide San Pablo: Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, Santa y grata a Dios (Romanos 12, 12).
Podemos hacerlo cada vez que nos toque sufrir. Y podemos también vivirlo, de modo más excelente, eligiendo sufrir; eligiendo amar sufriendo, eligiendo sufrir por amor.
3. La Eucaristía:
Dice San Leonardo de Puerto Mauricio, en su preciosa obra El Tesoro Escondido:
“¿Sabéis lo que es la Santa Misa? (…). La principal excelencia del Santo Sacrificio de la Misa consiste en ser el mismo que fue ofrecido sobre la cruz en la cumbre del Calvario (…). La Misa no es una simple representación o solamente la memoria de la Pasión y Muerte del Redentor, sino la reproducción real y verdadera de la inmolación efectuada sobre el Calvario (…). El mismo cuerpo, la misma sangre, el mismo Jesús que se ofreció sobre el Calvario, es idénticamente el mismo que ahora se ofrece en la Misa (…) Pero dinos: cuando te diriges a Misa, ¿reflexionas atentamente que vas al Calvario para asistir a la muerte del Redentor? [8]
No existe mayor bien que el Santo Sacrificio. Siendo sumo bien es causa de los demás, porque lo máximo en un género es causa de los inferiores [9]. Todo el bien del universo tiene por fundamento a la Eucaristía. Nuestro mundo se sostiene gracias a la Misa (y no al “activismo de primera línea”, sin por ello desconocer su necesidad e importancia). La presencia real de Cristo en la Hostia Consagrada, su presencia eminente en el Sagrario y la luz encendida que así lo manifiesta son el testigo incontrarrestable de la infinita superioridad del bien, de su triunfo definitivo frente a todo mal, y del Amor sublime que toma forma de pan para estar íntimamente unido a nosotros.
La Virgen nos ha pedido en Fátima participar en la Eucaristía los cinco primeros sábados de mes, para de ese modo impedir graves males al mundo, a la Iglesia y al Papa. También, la Virgen nos ha pedido participar en la Eucaristía para reparar las heridas causadas a su Corazón [10]. Me parece que es de estricta justicia hacerlo, como lo mínimo que cualquier hijo haría por su Madre: aliviarle el dolor pudiendo hacerlo. Sin perjuicio de ello, la invitación que nos ha hecho María es a la superabundancia: cinco sábados. Más de una Misa. Si cada una es de valor infinito, María quiere multiplicar el infinito, para nuestro bien y la Gloria de Dios.
Sabiendo esto, no participar en la Misa –pudiendo hacerlo– es verdadera locura. Y el mundo está bastante loco. El Mensaje de Fátima, a este respecto, viene a corregir nuestras prioridades. Todo está ordenado y subordinado a la Eucaristía, a Cristo, Rey del Universo. No debemos olvidarlo; antes bien, corresponde escuchar a la Virgen de Fátima y participar, cuanto más podamos, de la Santa Misa: “¡A Misa, pues! ¡A oír la Santa Misa! Y sobre todo que no se oiga salir de tu boca esa proposición escandalosa: una Misa de más o de menos, poco importa” [11].
4. La devoción al Inmaculado Corazón de María:
Así habló la Virgen en su segunda aparición a los pastorcitos: “Jesús (…) quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. No es una simple solicitud sino la voluntad expresa de Dios. Y su voluntad es nuestra salvación: “A quien le abrazare prometo la salvación (…). Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios”.
El corazón expresa y es símbolo del centro de la persona. No es el “hacia” donde confluyen sus actos y movimientos, sino el “desde” (Lucas 6, 45). Es su principio, génesis, origen y causa. No se distingue, realmente, como mera parte del cuerpo; es, más bien, su acto primero y constitutivo. Así, decimos que María es y opera como Inmaculada: en Ella no hay defecto ni mancha, ni en su origen, ni en sus actos; y desde su perfección originaria se comprenden sus perfecciones segundas: su total y libre disposición a Dios, el “hágase incondicionado” respecto de la Voluntad Divina.
Hablar de su Corazón Inmaculado es hablar de Ella; la devoción a su Inmaculado Corazón es a Ella misma, pero a lo más íntimo de su ser y no a otra parte o manifestación u operación de su existencia, por maravillosa que fuere. De ahí entonces que abrazar la devoción a su Inmaculado Corazón es, en realidad, abrazarla a Ella; es radicar nuestro amor en Ella misma. Todo lo que se pueda decir de su Corazón se dice siempre de Ella misma, de modo intrínseco, originario, constitutivo, indisociable e inseparable. Dios envió a su Madre con un mensaje urgente: hemos de abrazar a María como refugio y camino hacia Dios.
¡Vaya camino! A nosotros, pecadores, se nos ha señalado el camino estrecho (Mateo 7, 13-14), el de la puerta angosta (Lucas 13, 23-24). Pero es tal la magnitud del pecado que, de modo particular y para estos tiempos, se manifiesta nuevamente la paradoja de la divina misericordia: la puerta es María. Por tanto, la vía es la dulzura, ternura, compasión y delicadeza infinitas, ¡un verdadero anticipo del Cielo!
Cuesta, ciertamente, comprender tanto amor. El Pastor no sólo ha dejado a las noventa y nueve ovejas para salir a buscar a una perdida, sino que ¡ha enviado a su Madre a buscarnos! Fátima es recuerdo vivo y visible de que hoy, y como remedio a los gravísimos males actuales –individuales, situacionales y estructurales–, el Padre y la Madre nos buscan –perdónenme la expresión– con auténtica y santa desesperación: Hijo, (…) mira, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia (Lucas 2, 48).
Nos buscan porque solos estamos perdidos. La autosuficiencia es un engaño, así como la soberbia es ciega [12]. Separados nada podemos hacer (Juan 15, 5). Necesitamos la Gracia, y es a través del Corazón Inmaculado de María que Dios ha dispuesto que recibamos todas las gracias: “Dios Hijo se hizo hombre para nuestra salvación, pero en María y por María” [13]. Por esto la llamamos Mediadora Universal [14], siempre subordinada a Cristo. Quien puede lo más, puede lo menos: María nos ha dado al Salvador; por Él y en Él nos da y dará todas las gracias necesarias para nuestra salvación. Pero lo hace a su modo: como Madre, y Madre Inmaculada. Ternura sin defecto. Las consecuencias “vivenciales” son determinantes.
En la experiencia del amor materno de María es que se “siente” y comprende, más y mejor, el Amor Paternal de Dios y sus manifestaciones más “maternales”: su ternura, acogida, su preocupación vigilante, interesada e incesante, su providencia infalible, su asistencia certera; se comprende, de una vez, que decir ¡Abba! es, antes bien, decir ¡Papito! De allí que el amor a María, a su Inmaculado Corazón, es camino directísimo, privilegiado y necesario para vivir nuestra filiación divina, descubriendo y experimentando las maravillas de la Paternidad divina.
A su vez, el amor a María, a su Inmaculado Corazón, y de María, de su Inmaculado Corazón, es estrictamente personal. Así como la persona es singularísima e incomunicable [15] en razón de su acto de ser, la comunicación personal e íntima, de corazón a corazón, nace de esa singularidad irrepetible, dirigiéndose a otra semejante en recíproca acogida. Nos dice San Juan Pablo II: “es esencial a la maternidad la referencia a la persona. La maternidad determina siempre una relación única e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la del hijo con la Madre. Aun cuando una misma mujer sea madre de muchos hijos, su relación personal con cada uno de ellos caracteriza la maternidad en su misma esencia. (…) En esta luz se hace más comprensible el hecho de que, en el testamento de Cristo en el Gólgota, la nueva maternidad de su madre haya sido expresada en singular, refiriéndose a un hombre: «Ahí tienes a tu hijo»” [16].
Se comprende así que la devoción al Corazón Inmaculado de María, sin dejar de ser un regalo para toda la humanidad, es, también, un regalo personal: “La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre” [17].
He aquí, entonces, el camino y refugio que Dios nos reitera en Fátima, con carácter urgente y estrictamente necesario para alcanzar nuestra salvación: la personal comunión con nuestra Madre, relación filial que “no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se puede decir que definitivamente se orienta hacia Él” [18].
– o –
El Mensaje de Fátima concluye con un hecho cierto: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará. Pase lo que pase, venga lo que venga, “Cristo vencerá por medio de Ella, porque Él quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo del futuro estén unidas a Ella” [19].
Nadie conoce el día ni la hora (Mateo 13, 32; 24, 36), pero es prudente atender a los signos de los tiempos. Y los tiempos actuales son extremadamente complejos, por no decir desastrosos. Sea hoy, mañana o dentro de siglos, debemos estar preparados (Mateo 24, 42-51). El mensaje de Fátima no es un mero recuerdo sino la re-actualización del clamor de la Santísima Virgen por medio del cual nos llama a estar en vela, y a disponer los medios adecuados que Ella nos reveló en la Cova de Iría: oración, penitencia, Eucaristía y devoción a su Inmaculado Corazón. Desatender semejante regalo sería, a mi juicio, irracional temeridad o resabio pelagiano. Conviene tenerlo presente y hacerlo carne, entonces, con mayor razón ahora, en que Chile está (y esto no es una metáfora) acechado por demonios que lo quieren devorar. El combate es, ante todo, espiritual, y el campo de batalla radica en nuestra alma (luego, secundariamente, en el Palacio Pereira, el Congreso Nacional o los Tribunales de Justicia). Por tanto, “nosotros también, (…)corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 11, 1-2), con la inconmovible certeza de la esperanza en que Ella aplastará la cabeza de la serpiente (Génesis 3, 15) y así por fin, su Inmaculado Corazón triunfará.
Notas
[1] La Virgen le había dicho a los pastorcitos que vinieran el día 13 de cada mes. Sin embargo, el mes de agosto la aparición no se realizó el día 13, porque el Administrador del Consejo de Cova de Iría apresó a los pastorcitos con la intención de obligarles a revelar el secreto. Los tuvo presos en la Administración y en el calabozo municipal.
[2] El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor. San Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, Nº 1.
[3] Contra esta entrevista se desencadenó una polémica. El 2 de julio de 1959, la Curia de Coímbra —por más que la entrevista hubiera aparecido con aprobación eclesiástica— publicó una nota contra el padre Fuentes, que, siendo el postulador de la causa de los dos pastorcillos y habiendo hablado con sor Lucía, “se ha tomado la libertad de realizar declaraciones sensacionalistas, de carácter apocalíptico, escatológico y profético que afirma haber oído de los propios labios de sor Lucía”. Debido a esto el padre Fuentes fue apartado de su cargo y se hizo pública una declaración de sor Lucía en la que se desmentía todo. Posteriormente, el Padre Joaquim Alonso, el archivero oficial de Fátima, estudiando una inmensa cantidad de documentos y, sobre todo, habiendo podido hablar por extenso con sor Lucía, maduró en él una opinión muy diferente. Y en 1976, rehabilitó en lo sustancial al padre Fuentes, declarando que ese texto suyo “corresponde ciertamente en lo esencial a lo que él había escuchado de boca de sor Lucía (…). Este texto no contiene nada que sor Lucía no haya dicho ya en sus numerosos escritos públicamente conocidos”.
[4] Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 2590.
[5] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 8, art. 1.
[6] Vid. San Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris.
[7] Ibid, Nº 19.
[8] San Leonardo de Puerto Mauricio, El Tesoro Escondido, o breve instrucción sobre la Santa Misa, Imprenta de R. Varela, Santiago, 1878, p. 7-15.
[9] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q2, a3.
[10] Cuando Lucía era aún postulante en el Convento de las Doroteas en Pontevedra, España, tuvo una aparición de la Virgen sobre una nube de luz, con el Niño Jesús a su lado. Después de haber estado Lucía en oración, Nuestro Señor le reveló la razón de los 5 sábados de reparación: “Hija mía, la razón es sencilla: se trata de 5 clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María: Blasfemias contra su Inmaculada Concepción; contra su virginidad; contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres; contra los que procuran públicamente infundir en los corazones de los niños, la indiferencia, el desprecio y hasta el odio hacia la Madre Inmaculada; contra los que la ultrajan directamente en sus sagradas imágenes”.
[11] San Leonardo de Puerto Mauricio, Op. Cit., p. 38.
[12] “La soberbia… ocluye los ojos de la mente”. Santo Tomás de Aquino, Super Sent., lib. II, d. 21, q2, a1 ad 1.
[13] San Luis María Grignon de Monfort, Op. Cit. Nº 16.
[14] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q26, a1, 2.
[15] Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II, q29, a1.
[16] Carta Encíclica Redemptoris Mater, Nº 45.
[17] Ibid
[18] Ibid, Nº 46.
[19] San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Vitorio Messori (ed.), traducción de P. A. Urbina, Plaza & Janés Ed., Barcelona, 1994, p. 215.
Rosario Corvalán: “Peras y manzanas”
Hoy en el Diario La Segunda, nuestra abogada del Área Constitucional explica por qué la propuesta de “libertad de enseñanza” aprobada ayer en la Convención vulnera el derecho preferente y deber de los padres a educar a sus hijos y, por tanto, a elegir el modelo de educación que estimen conveniente.
Señor Director:
La propuesta de libertad de enseñanza aprobada ayer en la Convención tiene poco de libre, puesto que deberá regirse por los «fines y principios de la educación que señala la propuesta de Constitución, y que están lejos de ser inocuos. Esto podría compararse con decir «puede elegir las frutas que quiera, siempre que elija manzana, pera y durazno» Rosario Corvalán Azpiazu Abogada Comunidad y Justicia
Rosario Corvalán Azpiazu
Comunidad y Justicia