Comunidad y Justicia

Opinión

Columnas y cartas del equipo de Comunidad y Justicia publicadas en la prensa.

Pandemia de desafueros y reforma al sistema político

Una de las explicaciones a las distintas crisis de Chile es la crisis del sistema político. El sistema ya no funciona, porque la fragmentación y el multipartidismo han hecho extremadamente difícil lograr acuerdos. Ante esto, los partidos políticos han propuesto distintas medidas de corte “orgánico”, como subir el umbral de entrada o reducir la cantidad de diputados. Sin embargo, la pandemia de diputados desaforados, ninguna resuelta, no encuentra respuestas legislativas, salvo la propuesta sobre no recibir remuneración durante el desafuero. Un mejor sistema político requiere mejores partidos y mejores políticos, y es necesario que las exigencias sean para ambos y no solo para los primeros.

Actualmente están desaforados los diputados Francisco Pulgar (ex PDG), imputado por violación a una mayor de 14 años, y Mauricio Ojeda (ex REP), por la arista Manicure del Caso Convenios. El desafuero de la diputada Catalina Pérez (RD), por la arista Democracia Viva, está pendiente ante la Corte Suprema. Eventualmente, la Fiscalía puede pedir el desafuero de la diputada Karol Cariola (PC), por el caso Patente China; del diputado Joaquín Lavín (UDI), querellado por tráfico de influencias y fraude al fisco y del diputado Jorge Durán (RN), denunciado por abuso sexual. En la Cámara Alta, la senadora Isabel Allende (PS) está a la espera del proceso destitución seguido ante el Tribunal Constitucional, por el caso Casa Allende.

El desafuero no elimina la presunción de inocencia y todos los casos actuales no se han resuelto judicialmente, y eventualmente, la justicia puede resolver que todos son inocentes. Puede ser que haya maquinaciones políticas o acusaciones infundadas. Pero el termómetro algo está indicando.

En esta situación, es justo reconocer también que muchos parlamentarios trabajan con probidad ejemplar, sirviendo genuinamente a la sociedad, lo que muchas veces, no se conoce ni se reconoce. La cantidad de desafueros y la naturaleza de los delitos son señales de que el Estado de Derecho podría tambalearse, la imagen del legislador arriesgaría su deterioro y la política dejaría de ser el lugar de los primeros servidores públicos. El interés privado se impondría al interés público, porque la búsqueda del bien común, el de todos y cada uno de los chilenos, no existiría.

Lo anterior permite abordar una cuestión que está en el corazón de la discusión sobre la reforma al sistema político y es que, si bien no existe un “virtuosómetro”, la política debería ser ejercida por hombres y mujeres que, conscientes de sus debilidades, se esfuerzan diariamente en tener una vida honesta. No sirve de nada proponer un número ideal de partidos políticos y ajustar los engranajes, si no mejora la calidad de los políticos.

Los requisitos constitucionales de edad, ciudadanía, residencia y educación para postular como senador y diputado son insuficientes, y los partidos debiesen aprobar una legislación que los obligue a mecanismos más exigentes de revisión de antecedentes, así como a establecer procedimientos diferenciados, en cuanto a su celeridad, según la naturaleza de los delitos. La reforma al sistema político no puede esquivar la dimensión individual de la crisis política.

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Por fin, el último 8M

Este sábado 8 de marzo, nuevamente, se abrirán las grandes alamedas para que pase la mujer feminista libre… encapuchada y octubrista. Por cierto que las organizaciones feministas no han dicho que sea el último 8M, pero la verdad es que ya le queda poco de vida a una fecha caracterizada por la violencia contra las instituciones patriarcales y la consigna barata. Como sea, varios factores han contribuido al fracaso e irrelevancia del feminismo.

Un primer factor podría ser la banalización de la fecha. De una marea morada destructora y vociferante, ha pasado a ser un evento social, frívolo y competitivo por la foto en Instagram y la declaración de rigor en Twitter. Basta ver cómo el metro se llena de niñas ultra maquilladas del barrio alto, más interesadas en las pinturas que en derrotar al patriarcado.

Todo esto, acompañado de una buena dosis de bailes, canciones y performances, que, por supuesto, es la razón esencial de la reducción absoluta de los asesinatos de mujeres. Como fenómeno mundial, no sorprende la cantidad de videos que hay, en donde las manifestantes no entienden por qué marchan, ni pueden explicar lo que exigen, ni mucho menos son capaces de responder la pregunta ¿qué es una mujer? 

El hastío y oportunismo político es un segundo elemento. La izquierda, poco a poco, va entendiendo que el gustito identitario les salió muy caro, y la derrota histórica en la Convención Constitucional es el mejor ejemplo. Si la izquierda se farreó la oportunidad más grande que habían tenido en su historia, fue gracias a los movimientos identitarios, principalmente por el matrimonio entre feminismo e indigenismo.

La candidata presidencial del oficialismo, Carolina Tohá, lo adelantó la semana pasada, criticando el desprecio y abandono de los trabajadores por privilegiar los grupos pequeños y las temáticas particulares. Los corcoveos de la izquierda por sacarse el yugo identitario ya comenzaron, y si bien Natalia Pergientilli pagó el precio de llamarlos monos peludos, pronto más voces se unirán y los cambios, programáticos y políticos, que dejarán a las feministas y al feminismo fuera de la ecuación ya aparecerán.

Como es obvio, el feminismo es un movimiento político de izquierda, que representa, si es que, a las mujeres de izquierda. La imposición de arrogarse y atribuirse que representan a todas las mujeres es, irónicamente, patriarcal. Pero no le pidamos coherencia a la ideología: no se puede dar lo que no se tiene. Como sea, este oportunismo político se manifiesta muy claramente en esos silencios que incomodan cuando el violador, el abusador, el golpeador viene de sus filas. Manuel Monsalve, Alberto Fernández, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero son la mejor muestra de esta hipócrita preocupación. Mágicamente, se vuelven sordomudas.

Y el tercero, es la traición del Gobierno. Si la calle es el escenario que a la izquierda le acomoda para lograr cambios (“transformaciones”), el Ejecutivo de Boric la ha tenido bien fácil con las feministas. Con la creación de puestos de trabajo en el aparato estatal (ej.: oficinas de género en todas y cada una de las reparticiones públicas) hasta la realización de estudios sobre el enfoque de género en las luminarias, las caletas pesqueras y cuanta tontera frívola se les ocurre, no hay tiempo para marchar.

El silencio feminista tiene un precio, y el Gobierno (históricamente feminista) sabe pagarlo generosamente, a cambio de no molestar, porque ninguna de sus demandas históricas haya avanzado. Por supuesto, culpar al surgimiento de la extrema derecha es más fácil. Obviamente tienen que dar la impresión de estar muy enojadas y que Boric fue la elección del “mal menor” o que no tenían ninguna expectativa sobre su trabajo. 

Así, por diferentes razones, el feminismo es un “movimiento social” que va a la baja. Poca credibilidad le queda, y su erróneo diagnóstico se manifiesta en los números rojos de sus inútiles soluciones. Puede que en los próximos años el 8M siga convocando, pero, amiga, los chilenos no te creen.

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Febrero: música y cine trans para niños ‘trans’

Febrero, mes del cine y música (para/por) trans. La cartelera, nacional e internacional, está abierta a mayores y menores de edad. Tenemos la película “Emilia Pérez” compitiendo por los Oscar, la canción Infernodaga representando a Chile en el Festival de Viña del Mar y el ciclo de cine trans del Centro Cultural de Los Ángeles. Así es que usted no tiene excusa para que estas vacaciones, junto a sus hijos, disfrute alguna de estas grandes obras maestras que el lobby del abecedario multicolor le ofrece.

“Emilia Pérez” trata sobre un narco mexicano que se somete a una operación de reasignación de sexo porque quiere empezar una vida nueva y los cirujanos aceptan realizarla luego de escuchar los recuerdos del narco sobre su disforia de género durante la infancia. Claro, era la única manera de rehacer una vida. No había otra. Como sea, este argumento tan genial, que decidieron nominarla a 13 Oscar… porque está al mismo nivel que Lo que el viento se llevó, Forest Gump, Titanic, El Señor de los Anillos (La Comunidad del Anillo) u Oppenheimer …

De Infernodaga ya comentamos en una columna pasada su tono anticristiano. Esperamos que las autoridades eclesiásticas se pronuncien para condenar y exigir que Chile no sea representado por una canción blasfema y anticristiana. Supongo que los organizadores no quieren revocar la decisión, y prefieren arriesgarse a una buena multa por parte del CNTV, tal como ocurrió con el caso Las Gansas.

Pero la joyita la trae la ciudad de Los Ángeles: ciclo de cine trans. ¿La cartelera? Mi vida en rosa, Cowboys, La chica danesa y Una mujer fantástica. ¿Quién organiza? El PAIG del Servicio de Salud del Biobío. ¿PAIG? Sí, un programa ministerial, en donde un trabajador social y un psicólogo reciben a niños, desde los 3 a los 17 años, por si se autoperciben del sexo contrario y les afirman esa autopercepción. También pueden derivar a niños, desde los 10 años, para que les hagan tratamientos hormonales (con riesgos irreversibles de infertilidad). Pero nos desviamos. En ninguna parte se aclara que estos ciclos son para mayores de 18 años, que uno presume que ya son capaces de distinguir la ficción de la realidad, y no para menores de edad.

La promoción de estas canciones y películas en niños y jóvenes no es inocua. Genera un impacto y daña las mentes inocentes de niños que aún se están formando y valida ideas que se tratan de imponer culturalmente. Exponer a los niños a que sean bombardeados o sepultados por la cultura transafirmativa puede tener un costo irreparable… y que años después, cuando han pasado por hormonas y/u operaciones, los hijos le cobran a sus padres no haberlos cuidado.

Lo cierto es que, la idea de que un niño se puede convertir en niña, o viceversa, está al mismo nivel, en cuanto a lógica y evidencia, que la Tierra es plana. Promover, a través del cine y la música, y respaldar esta idea, los deja en el mismo nivel. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír.

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Antiwoke

Un elemento común del comienzo del segundo mandato de Donald Trump y el discurso de Javier Milei en el Foro de Davos fue su decidido rechazo a la agenda woke y a la ideología de género. Mientras el primero ponía por escrito una verdad irrefutable –sólo hay dos sexos: uno masculino y uno femenino-, y anunciaba un conjunto de medidas que se implementarían rápidamente, el segundo realizó un llamado de atención, ejemplificando los daños que provocaban y denunciaba a los asistentes por su rol promotor, especialmente, financiero. En Chile, aún está por verse si esta discusión pasará a ser un elemento central del proceso electoral presidencial y parlamentario.

Lo cierto es que el término woke identifica un conjunto de banderas asociadas a un progresismo identitario, entre ellas, el feminismo, el ecologismo, el indigenismo y el transgenerismo. Con distinto énfasis en cada una de estas banderas, de los candidatos presidenciales de la derecha, Johannes Kaiser y José Antonio Kast se han pronunciado al respecto, y sus posturas son conocidas hace bastante tiempo y que piensan hacer al respecto, y Evelyn Matthei manifestó su desacuerdo con la sentencia del Tribunal Constitucional que acogió el requerimiento del Gobierno para que el Minsal continuara financiando los tratamientos hormonales y quirúrgicos transafirmativos a menores de edad.

En la izquierda, un pequeño sector parece que empieza a intentar sacudirse el yugo ideológico, pero los vicios, por lo arraigados que están, cuesta sacarlos. Concentrados en un desfile de candidatos autoproclamados y peregrinaciones a cartas que consideran seguras, aún no se conoce qué postura adoptarán, más allá de las primarias y el ansiado candidato único. Pero hay un sector de la izquierda que en 2024, quizás cansado del simplismo y la funa del lobby identitario, se ha planteado la idea de soltarle la mano a los «monos peludos».

Si la derecha instala, como bandera común, el tema woke en la discusión electoral, sea por una perspectiva de corte más teórico o más económico (por ejemplo, la permisología ambientalista que traba la inversión; el despilfarro en asesores, capacitaciones y enfoque de género en cada órgano del Estado; etc.), en la izquierda deberán decidir si mantienen como parte de su estrategia discursiva la dialéctica de minorías oprimidas, pero hegemónicas y ultra beneficiadas, o si tienen la valentía de reconocer que han caído en diagnósticos errados y falsas soluciones que lo único que hacen es aumentar la pobreza, dañar a los niños y polarizar al país. Una característica del wokismo es su aversión a la tradición cristiana occidental y sus constantes intentos por deformar nuestra cultura, como ocurre con la elección para el Festival de Viña del Mar, de la canción “Infernodaga” como representante de Chile, que abunda en blasfemias y burlas a Jesucristo y a las Sagradas Escrituras. Algo similar al banderazo por el Apruebo en Valparaíso…

Ahora bien, la derecha no puede relajarse solamente en la crítica y denuncia, y es que existe un desafío y una advertencia. Deben ser capaces de presentar una alternativa de solución bien hecha a los problemas que las agendas identitarias, dependiendo del caso, pueden haber detectado. En el caso de los niños identificados trans, no basta con denunciar que el enfoque transafirmativo de la transición social, la hormonación y las cirugías son dañinas, anticientíficas y violatorias de los derechos humanos, sino que deben, y esto es tan importante como lo primero, ofrecer alternativas de acompañamiento, existentes, pero silenciadas, respaldadas por la ciencia y rigurosamente elaboradas, que puedan entregar una correcta atención.

En cuanto a la advertencia, la solución al identitarismo no es más liberalismo, porque el primero es hijo del segundo, aunque no les guste reconocerlo. Si la sociedad se rige por un principio que pone la autonomía como centro y medida, continuamente engendrará nuevas agendas identitarias y reacciones totalitarias. Una sana y trascendente comprensión de la subsidiariedad y la solidaridad es la que permite alcanzar el bien común, que es “la plena realización de la persona, con y para los demás”.

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Objeción a la constitución del satanismo

Señor Director:

Como institución que protege y promueve el derecho a la libertad de conciencia y de religión, valoramos la decisión del Ministerio de Justicia de objetar el registro, como entidad religiosa, de la organización “Templo de Satán: Satanistas y Luciferinos de Chile”.

En su Resolución Exenta 3.636, de 2024, el Subsecretario de Justicia detectó, correctamente, distintos elementos doctrinales contrarios al orden público, como su defensa de la autotutela (“Devuelve golpe por golpe”, sostiene la Biblia Satánica), y la cuestionable utilización de mujeres (desnudas) como altar de rituales satánicos.

También resulta destacable el que la autoridad reafirmara el valor de la ley 19.636 (Ley de Culto), pues esta recae sobre la fe de las personas, no sobre ideologías (como es el caso de los satanistas que declaran no adherir a fe alguna).

La fe no es algo baladí, sino que un bien digno de especial protección. Equiparar a aquella un sistema de creencias ocultistas, perniciosas para nuestra sociedad y contrarias al culto divino (como lo pretendieron los satanistas) es una cuestión que no debe volver a repetirse en Chile.

Gustavo Baehr y Javier Mena – Abogados de Comunidad y Justicia

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El Gobierno más antifeminista de la historia

El último año de la administración frenteamplista será solo de símbolos y supuestos legados, porque de gobierno hicieron poco y nada. Estuvieron más preocupados de aprender y disculparse por errores que de dirigir un país. Pero hay legados que no son buscados ni menos queridos. Este Gobierno creía que Chile sería la tumba del neoliberalismo, pero lograron poner al feminismo en un ataúd.

Los números no los acompañan. La cantidad de femicidios frustrados y tentados es la más alta de los últimos 5 años, y la cantidad de femicidios consumados no ha disminuido: Chile cerró 2024 con 299 femicidios frustrados (259 en 2023 y 180 en 2022), y 80 tentados (46 en 2023 y 27 en 2022). Tal como denunciábamos hace un año, los femicidios frustrados aumentarían (lo que haría inevitable que los consumados también), en la medida que el diagnóstico fuese ideológico. Así fue.

Si parten de la base que existe una organización mundial para oprimir a las mujeres por los siglos de los siglos y que la relación entre hombres y mujeres (aquí la categoría trans no les conviene) es, por esencia, de subordinación, humillación y maltrato, no hay que sorprenderse que sus políticas sean un fracaso. El cuento de la mujer víctima y el hombre victimario, de que todos los hombres son violadores en potencia, que el machismo mata, son argumentos que dejan al feminismo al mismo nivel que al terraplanismo. El problema es que las mujeres -y hombres- siguen sufriendo una oleada de asesinatos que no para de subir. En lugar de analizar las causas y proceder rigurosamente a atacarlas, llevamos años de creación de figuras jurídicas innecesarias y políticas basadas en colores y cuñas.

Fracasaron en su Constitución feminista, en su justicia con perspectiva de género, en su política exterior. La transversalización de género ha logrado demostrar, nuevamente, su gen autoritario y dictatorial, pero que en lugar de miedo, da pena y risa. Basta revisar las ridículas ideas de integrar el enfoque de género en las luminarias, las caletas pesqueras o -convenientemente para las académicas feministas aburguesadas- en los cupos reservados para carreras STEM y puestos en los directorios de las sociedades anónimas.

Los políticos le dan la espalda. Podrán haber sido el primer gobierno paritario, pero también son el primero con la mayor cantidad de ministras despedidas (Marcela Sandoval, 2025; Marcela Ríos y Ana Lya Uriarte, 2023; Jeannete Vega, 2022), sin considerar las renuncias de cargos inferiores ocupados por mujeres ante los (innumerables) escándalos políticos.

Reniegan de sus pancartas clásicas con tal de defender, irónicamente, a los hombres. El caso Monsalve es el mejor ejemplo. El “hermana, yo te creo” pasó a ser “Monsalve, yo te creo”; las ONG feministas ya no ensucian catedrales ni convocan a masivas marchas por la cantidad de denuncias de abusos sexuales dentro de La Moneda. El silencio será, como es obvio, circunstancial. Si el próximo gobierno es de derecha, toda la rabia por haberse mordido la lengua se les arrancará al primer “error” de los nuevos gobernantes, y no les importará contradecirse.

Todo Chile comparte el diagnóstico: el feminismo es un buen negocio. No les importan las mujeres (término que no saben definir), sino el poder. Prefieren traicionar sus principios a morder la mano que les da de comer.

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La cultura chilena es antinatalista

Semana a semana, nuevos estudios y voces alertan sobre la crisis demográfica chilena. El rápido descenso en el número de nacimientos es una tendencia imparable desde el 2014. Este problema no se soluciona con el aumento de nacimientos de madres extranjeras y no revierte la tendencia de baja natalidad, porque, como se explicó la semana pasada en El Mercurio, “en el mediano y largo plazo irá disminuyendo porque los migrantes se van adaptando a la cultura del país de llegada”. Esto último es importante: ¿la cultura chilena es antinatalista? Porque, pareciera, que la cultura chilena desincentiva, a chilenos y extranjeros, tener más hijos.

Algunos han analizado esta crisis mirando hacia adelante y los efectos que se producirían en los sistemas de salud y de pensiones, la economía y la fuerza laboral, etc.; como si fuera sólo un problema de números. Otros lo han abordado desde una perspectiva feminista, enfocándose en la decisión y motivos de la mujer para el “cuándo” de la maternidad, como si la decisión fuese individual. La Encuesta Bicentenario 2024 intenta revisar las causas que originan esta caída y también datos del INE dan luces al respecto, y abundan en razones del tipo priorizar la estabilidad económica y laboral, el miedo al fracaso, la falta de “preparación”, la excusa ambientalista, el sacrificio y costos que implica, etc.

Estas razones son las que han configurado, lentamente, una cultura que ha preferido que la mujer se incorpore al mundo laboral y trabaje de la forma en que los hombres trabajan y no considerando las particularidades propias y esenciales de la mujer. Una cultura que ha potenciado la estabilidad en todo orden de cosas (económico, académico, personal) antes de tomar el riesgo de tener uno o dos hijos, porque no estamos hablando de familias numerosas. Una cultura que ha demonizado al hombre como un opresor y violador por naturaleza. Una cultura que tiene al Estado atornillado dentro del hogar con voz y voto en cada decisión que se toma. Una cultura que ha privilegiado los derechos sobre los deberes, y el egoísmo sobre el sacrificio y el compromiso, que ha debilitado el matrimonio y las uniones sólidas entre padres e hijos en lugar de ofrecer ayuda para que sean duraderas. Una cultura que desgarra vestiduras por animalitos y plantitas, cuando hay familias, personas de carne y hueso, que sufren hambre. Una cultura en la que las autoridades no se atreven a decir verdades incómodas y establecer prioridades reales y prefiere bailar al ritmo del tweet, la funa y la encuesta. Una cultura que ha combinado exitosamente lo peor del liberalismo individualista, el socialismo estatista y el progresismo hedonista. Esa es la cultura chilena. Esa que se pasea, sin pudor, en los reality shows y se escribe, también sin pudor, en las leyes. Esa cultura es la que mueve la publicidad de las empresas y que apela a la pasión y no a la razón para, insaciablemente, comprar y consumir.

La crisis demográfica no se arreglará con políticas públicas que mejoren los números para tener sistemas de pensiones sostenibles en el tiempo. Se necesita algo mucho más permanente, inmutable. La cultura que garantizaba la existencia y desarrollo de las instituciones y comunidades que dan larga vida a los países, ya no existe. El cambio de switch debe alcanzar a las siguientes generaciones, y eso es un tema de educación. No basta con que nazcan más, si ellos no son (bien) educados. Porque los hijos no son números en un Excel sobre estadísticas de natalidad, sino personas que requieren de educación, autoridad, corrección y crianza, por padres que cuenten con apoyo para sortear las dificultades inevitables de vivir juntos y ayudarse mutuamente. Guste o no, mientras más tiempo estén juntos, mejor para sus hijos, y por eso el matrimonio es mejor que cualquier otra unión. No ver el problema en su totalidad es retrasar la catástrofe demográfica.

Chile abandonará su crisis antinatalista cuando apueste por una cultura natalista.

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El “récord” de Lily Phillips

Phillips, “modelo” inglesa de OnlyFans, “logró” la “hazaña”, en octubre de este año, de tener relaciones sexuales con 101 hombres en 24 horas, cuya experiencia relató en un documental titulado “Me acosté con 100 hombres en un día”.

El documental es la evidencia del punto al que ha llegado la degradación de la sexualidad; de la sociedad hipersexualizada; del enfermizo consumo de pornografía; de la cosificación de la mujer; del absurdo lema individualista, feminista, liberal y progresista de “hago lo que quiero con mi cuerpo”.

Basta escuchar las declaraciones de Phillips luego de su “maratón sexual de 24 horas” y ver su mirada perdida, los ojos llenos de lágrimas y las palabras balbuceantes para entender que hay algo que no está bien y que ella misma intuye: “no es para chicas débiles. Fue difícil. No sé si lo recomendaría. Es una sensación diferente. (…) era un desastre emocional detrás de escena”. La despersonalización de lo que hizo/le hicieron llega al punto en que reconoce que no recuerda caras ni nombres: “En mi cabeza puedo pensar en cinco, seis, diez chicos que recuerdo. Y eso es todo. Es extraño, ¿no? Si no tuviera los videos, no me habría dado cuenta de que había hecho cien“, y que, por lo mismo, actuó de una forma automática, al punto de sentirse “robótica” como si ya se tratase de una “rutina”.

Cualquier padre o madre que lea estas líneas, y tenga una hija de 23 años -la edad de Lily- ¿qué pensaría de saber que su hija haría algo así? ¿O que fuese la hija de un amigo? ¿O que su hijo sería uno de los 100 “participantes”?

Si la sensación que transmitía Lilly antes del día en cuestión era de un cierto nerviosismo y emoción, la reacción posterior sólo refleja tristeza. Pero hay dos tipos de tristeza: una, que genera el impulso de recapacitar una vez que se ha tocado el fondo de la degeneración, y otra, que es la pérdida de toda esperanza, la defraudación de toda expectativa, y que acarrea a sentimientos de angustia y desánimo. Esta segunda tristeza no busca salir del abismo en el que ha caído, sino que permanece en él. Pareciera que Lilly se encuentra en este segundo tipo de tristeza: días después del “logro” anunció que buscaría “superar la marca” y que ahora fuesen 1.000 hombres en 24 horas.

En Chile, este fenómeno -OnlyFans, Arsmate y similares- no es extraño, y del mundo de la política, de la farándula, del deporte y del periodismo cada vez se suman más a la venta de “contenido para adultos”. No pasa ni una semana sin que algún medio anuncie que tal o cual persona abrió cuenta en la impúdica plataforma. Distintas razones se arrojan, como justificando la necesidad de entrar a una realidad virtual falsa, impúdica e indigna tanto del que se expone como del que busca y mira.

La normalización de esta nueva forma de prostitución es bastante clara respecto a la señal que se envía a la sociedad y a los menores de edad.

Y es que sí es un tema al que los adolescentes tienen acceso inmediato: saben cuando alguien famoso ingresa, cuánto gana en sus primeras semanas, etc. La celebración de esta triste realidad genera un impacto en el que tomar ese “camino” se plantea como una posibilidad real, frente a la decisión de estudiar y trabajar. Pero todo tiene un costo, que no se reduce simplemente al monto por el que se vende y compra de contenido sexualmente explícito. La autodegradación que genera la banalización de la sexualidad genera un vacío y una destrucción interna tanto para quien crea el contenido como para quien lo consume, pues ambos simplemente usan al otro. Y no hay duda de que la dignidad humana exige que cada uno sea tratado como un fin y no como un medio, como una persona y no como una cosa.

Ojalá que Lilly Phillips no rompa su propio récord.

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El año negro del lobby trans que experimenta con niños

El 2024 no será recordado con alegría por el lobby trans, tanto en Chile como en otros países. Por supuesto que la victimización, la negación y la mentira han sido su principal respuesta, pero es imposible que sigan ocultando un escándalo médico sin precedentes en la historia y una violación sistemática de los derechos de los niños al someterlos a tratamientos experimentales y sin evidencia científica que provocan daños irreversibles. La verdad ha comenzado a salir a la luz.

La publicación del Informe Cass, por su irrefutable contundencia y seriedad, sólo aceleró un efecto dominó que comenzó en Europa a mediados de 2019. Pronto, los Estados europeos comenzaron a restringir o eliminar la posibilidad de que los niños autopercibidos trans puedan acceder a tratamientos hormonales. En esta línea se encuentran Finlandia, Dinamarca, Reino Unido, Italia, Francia, Suecia y Noruega. En otros países, el tema está siendo fuertemente discutido y puede ser que en 2025 existan avances, como en Alemania y Bélgica. Lo mismo ocurre en varios lugares de Estados Unidos, donde además hay casos de demandas que están siendo conocidas por la Corte Suprema. Sin embargo, Canadá, España, Australia y Nueva Zelandia insisten en mantener un enfoque afirmativo que es sólo ideología. A nivel latinoamericano, Chile destaca por liderar la ofensiva para salvar a los niños.

El caso chileno es similar al de David contra Goliat. Quienes defienden el enfoque afirmativo -comenzar a hormonizar y mutilar por la sola autopercepción del niño- encuentran apoyo en las universidades, asociaciones gremiales, clínicas, jueces, políticos, empresas farmacéuticas, medios de comunicación, municipalidades, instituciones estatales, redes de poderosos activistas y lobistas, etc. Contra ellos se enfrentan padres que han sido amedrentados por el chantaje emocional “hijo trans o hijo muerto”, e incluso a algunos les han quitado, por orden judicial, a sus hijos al oponerse a que ingresen a programas como el PAIG, como consta en un testimonio; doctores que han sido amedrentados; testimonios de detransicionadores que han sido perseguidos y acosados; etc.

Pero el mayor enemigo es el silencio cómplice: aquellos que teniendo el deber y la posibilidad de denunciar esta macabra situación se quedan callados, por temor a la funa de soltarse del yugo identitario, o a los doctores y funcionarios de salud que saben lo que está ocurriendo. Ellos, que saben lo que le está pasando a miles de niños confundidos y a padres angustiados, y que no están de acuerdo, prefieren mirar para otro lado. A la izquierda y a la derecha progresista les corresponde, como primera medida para comenzar a reparar el mal causado, alzar la voz y denunciar las barbaridades que ocurren en el sistema de salud, público y privado.

A pesar de lo anterior, ¿por qué, entonces, ha sido un año negro para el lobby trans?

Porque gracias a Sabine Drysdale, a Santiago Pavlovic y a la Agrupación Kairos conocimos la existencia de casos reales de padres a los que les han quitado a sus hijos y de las presiones a las que se ven sometidos para iniciar tratamientos hormonales en la primera consulta.

Porque gracias a testimonios como el de Santiago Hormazabal, Nicolás Raveau y Nael Condell se supo, de primera fuente, cuáles son los efectos de las hormonas y los daños y peligros del enfoque afirmativo.

Porque diputados y senadores, de distintos colores políticos, comprometidos con buscar el mayor bien de los niños, crearon una Comisión Investigadora en la que se supo cómo el PAIG, ese programa para niños entre 3 a 17 años, cual parásito, esta enquistado en el Estado y absorbe casos de menores que supuestamente son trans; que hay al menos 600 niños recibiendo hormonas; que existe, al menos, una derivación al PAIG de un niño desde un jardín infantil; que hay un número desconocido de municipalidades que entregan este tipo de “atención”, incluso medicamentos a través de las Farmacias Populares. Porque esos parlamentarios también recibieron, en la Comisión de Familia del Senado, a expertos que alertaron sobre el bajísimo y paupérrimo nivel de evidencia científica que respalda estos programas; y denunciaron ante la Fiscalía las decenas de operaciones de reasignación de sexo a menores de edad;  impulsaron normas en la Ley de Presupuestos para disminuir el gasto público mediante la prohibición de las terapias  hormonales y cirugías transafirmativas a menores de edad; y recurrieron ante el Tribunal Constitucional para defender dichas normas cuando el Gobierno solicitó que fuesen declaradas inconstitucionales.

Porque distintas organizaciones sociales, centros de estudios y fundaciones alertaron y denunciaron lo que ocurría en Chile, informaron y pusieron el tema en la opinión pública.

Porque personas e instituciones, desinteresadamente y según sus especialidades y conocimientos, defendieron la idea de que la medicina está al servicio de la razón, no de la ideología, y debe curar, no dañar; que los niños son sagrados y no están para ponerlos primeros en la fila de la hormonación.

Falta mucho por conocer y responsabilizar. Ante el desorden provocado, la restauración se vuelve inevitable, y así ocurre en los países pioneros en estos “tratamientos”. Pero se requiere perseverar para que nunca más se experimente con niños, ni se chantajee a los padres, ni que el Estado imponga su visión ideológica. Ese es el trabajo que nos espera para el 2025: que los silentes, de todo tipo, saquen la voz y los que ya han hablado no se desanimen y persistan en luchar por salvar a nuestros niños.

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El Tribunal Constitucional que inventa excepciones

La discusión de la Ley de Presupuestos estuvo marcada por controversias en distintos temas que se materializaron en normas, entre ellas, las referidas a la Ley Lafkenche, a Aula Segura, a las contribuciones o a la prohibición de financiamiento a tratamientos hormonales transafirmativos y cirugías de reasignación de sexo a menores de edad. Como todas fueron aprobadas, el gobierno solicitó la eliminación de 13 normas y al mismo tiempo se presentaron siete requerimientos parlamentarios que impugnaban solo algunas de ellas.

El Tribunal Constitucional resolvió el viernes pasado que conocería el fondo del requerimiento del gobierno y cinco de los siete requerimientos parlamentarios. Sin embargo, en la decisión de admitir del gobierno, el derecho fue dejado de lado.

Cuando el gobierno presentó su requerimiento, no acompañó determinados documentos y el Tribunal Constitucional le ordenó que lo hiciera en un plazo de tres días. El Ejecutivo corrigió lo hecho y envió los documentos, pero se le olvidó adjuntar un archivo y cuando lo hizo, el plazo ya había vencido.

Cualquier estudiante de Derecho sabe que si no se cumple lo ordenado por el tribunal, el requerimiento, simplemente, se tiene por no presentado. La propia ley que rige al Tribunal Constitucional (artículo 65, inciso 2º) señala expresamente: “Si así no lo hacen, el requerimiento se tendrá por no presentado para todos los efectos legales”. La norma no admite ningún tipo de excepción.

¿Cuál fue el archivo no acompañado? La Ley de Presupuestos. ¿Y que dijo el tribunal para salvar al gobierno de su propio error? Que el requisito establecido en la ley era “jurídicamente inconducente” ya que la Ley de Presupuestos se había publicado en el Diario Oficial. Es decir, el requirente no acompaña todos los documentos, el Tribunal Constitucional le indica que acompañe uno que falta, el gobierno lo hace fuera de plazo y el tribunal decide que da lo mismo porque, en verdad, no era necesario. ¡Plop!

Por otro lado, si el Tribunal Constitucional consideró que el documento no acompañado (el proyecto de Ley de Presupuestos 2025) era innecesario porque ya había sido promulgado y se presumía conocido, ¿para qué lo pidió en la resolución de no admisión a trámite, no solo respecto al requerimiento del gobierno, sino que también respectos a otros seis requerimientos parlamentarios contra distintas glosas de la mencionada Ley de Presupuestos (Roles 15.981, 15.993, 15.994, 15.995, 15.996 y 15.999)?, ¿a cuál resolución le creemos, a la que considera indispensable el documento ausente, de acuerdo a lo establecido por ley o a la que prescinde de aquel porque es la única forma de sanear de oficio el requerimiento del gobierno?

¿Qué garantía de justicia y seriedad se puede esperar de un tribunal incapaz de obedecer la ley que rige su propio funcionamiento? Si operan de esta manera en este caso, qué impide que no inventen nuevos “casos excepcionalísimos” para salvar causas afines ideológicamente a la mayoría del Tribunal Constitucional. ¿Es esto una muestra más de que el Tribunal Constitucional se ha convertido en un legislador, modificando los procedimientos a su gusto?

Así, el fundamento de los votos de los ministros ideológicamente afines al oficialismo, que estuvieron por admitir a trámite el requerimiento del gobierno, revelan su escaso apego por las normas y el Estado de Derecho, a diferencia de quienes se opusieron. Estos segundos, correctamente, señalaron que no le corresponde al Tribunal Constitucional subsidiar ni suplir los errores de los requirentes.

El precedente que se ha instalado es peligroso, porque el cambio de jurisprudencia no obedece a un control jurídico, sino a uno político. Si el Tribunal Constitucional inventó una excepción respecto al cumplimiento de los requisitos de forma, qué impide que haga algo similar respecto al fondo. Si el tribunal actuó arbitrariamente en esta causa, qué impide que lo haga en otras. La desconfianza en el Tribunal Constitucional, ya instalada, solo aumenta con este tipo de episodios.

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